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“Me violaron dos sujetos y me obligaron a abordar el tren”

Hondureños obligados a integrar una banda criminal debían ultrajarla pero no lo hicieron. Los secuestradores se disfrazan de migrantes, dice
23.01.11 - Actualizado: 23.01.11 11:05pm - Virgilio Reyes López / Colaboración: redaccion@elheraldo.hn

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Distrito Federal,

México

La franca sonrisa que Zoila Amador nos brinda al recibirnos y el fuerte apretón de manos, refleja el estado de una mujer segura, con fortaleza, con ganas de vivir para ella y los suyos.

Segundos antes de acomodarse, casi por ella misma en su silla de ruedas, la vemos bajar por las escaleras sin ninguna dificultad; Zoila, ha perdido sus dos piernas, se ha convertido en una víctima más del que le llaman "tren de la muerte". Fue en noviembre del año pasado cuando forzada por un grupo de sujetos armados, la hicieron subir a la fuerza a un tren en movimiento, no lo logró, cayó bajo las ruedas de acero, las cuales le cercenaron sus dos piernas.

Zoila se dirigía a Estados Unidos a reunirse con su esposo y sus dos pequeñas hijas; hoy está a punto de recuperarse de sus lesiones y espera llegar con sus hijas y esposo, aún en el estado en que se encuentra.

De momento recuerda toda la pesadilla previa a su accidente, pues además fue secuestra, mancillada y casi pierde la vida en mano de sus captores. Sin embargo, más fuerte es su sueño por volver ver a los suyos.

Una mujer ceibeña

Zoila es oriunda de La Ceiba. A los 14 años marcó su destino al irse con quien sería su primer esposo.

De su infancia recuerda que fue una menor muy trabajadora, vendía plátanos y hacía otros trabajos con el fin de estudiar y graduarse de primaria.

"Sufrí de chiquita, creo que por eso me he hecho fuerte en la vida, esto lo que he vivido y la ayuda de Dios es lo que me ha fortalecido mucho, dicen que soy muy fuerte y en verdad sí lo soy, nunca he perdido las esperanzas con todo esto lo que he vivido", refiere Zoila.

A sus 35 años es una mujer de experiencias tan singulares.

Es franca y nos expresa que aunque de niña nunca pensó vivir esto, ya como joven empezó a escuchar la frase trillada del "sueño americano".

"En Honduras no se habla de otra cosa más que de Estados Unidos, de las oportunidades que hay", indica.

Fue en 1997 cuando decide cruzar hacia la frontera de México, ahí se estable en la ciudad de Tapachula, donde conocerá a unas amistades con las que más tarde partirá hacia Cuitlahuac, Veracruz, lugar en donde se asentaría hasta el 2001.

En Cuitlahuac, Zoila se dedicaba a entregar comida a los agentes de migración, algunos aprovechaban su situación para extorsionarla y quitarle lo poco que tenía ahorrado. Si ella no les daba dinero, amenazaban con deportar a su pequeña hija.

En el 2001 decide salir a Estados Unidos, llega a la frontera y ayudada por un taxista cruza el Río Bravo.

Aunque la detuvieron a unos metros, los agentes de Migración de aquel país la dejaron continuar con su viaje en territorio americano. Zoila recuerda que cruzó un río que "estaba muy bajito", donde me "eché a mi niña a los hombros".

La pesadilla comienza

En Estados Unidos encontró al que sería su segundo marido y tuvo a la más pequeña de sus hijas. En 2007, su vida vuelve a dar un giro inesperado al ser deportada.

Sin embargo, su afán por el "sueño americano" la lleva a aventurarse una vez más. En Arriaga "me subí al tren para llegar a Tierra Blanca, en mi primer viaje en tren no viví ningún peligro, yo escuchaba lo que la gente decía, no me pasó nada, llegué a Tierra Blanca y ahí todo fue fácil", recuerda.

Zoila logra ingresar a Estados Unidos por segunda vez pero vuelve a ser detenida al pasarse un semáforo en rojo. Las autoridades la llevan por dos meses a un centro de detención antes de ser deportada nuevamente.

Al emprender nuevamente su viaje al norte, en noviembre de 2010, recuerda con lágrimas que empiezan a correr por sus mejillas.

"Yo iba con 12 muchachos ahí en el tren y al llegar a Medias Aguas se subieron seis hombres con máscaras, machete, nos bajaron y nos metieron hacia el monte y nos hicieron caminar como una hora, todo era un monte y tenían como una carpa, ahí nos pusieron a todos boca abajo, y nos decían que no miráramos a nadie, si no nos iban a matar", declara.

Se visten como migrantes

"Ellos se visten como migrantes, se van a pedir comida, se hacen pasar como migrantes, pero ellos te secuestran, ellos piden rescate de mil dólares y si no los tienes les pegan bien feo a los muchachos".

"Me violaron dos de los sujetos, porque de los seis que andaban tres eran del mismo país que yo (Honduras), y cuando me mandaban a ellos para que me violaran, ellos me decían que no me harían nada, pero siempre y cuando yo no dijera que ellos no me violaron, porque me comentaron que a ellos los tienen trabajando a la fuerza", expresa Zoila.

La mañana del domingo 21 de noviembre del 2010 fue la hora y el día marcado cuando el grupo que había sido secuestrado fue liberado y forzado a subir en el tren.

Zoila también es obligada pero en el intento, cae y la "bestia de acero" pasa sobre sus piernas.

"El domingo nos llevaron para que agarráramos el tren, el tren iba andando, todos los hombres se subieron pero yo no quería, pero me tenía que subir porque tenía atrás a una persona con una pistola, cuando intenté agarrar la escalera del tren que iba en marcha, me aventó y fue cuando me cortó las piernas, ahí me dejaron tirada, tenía mucho dolor pero no perdí el conocimiento, vi a un señor que iba a trabajar y que traía un machete, pensé que era de ellos, pero el señor se acercó y me dijo: "que te pasó madrecita, yo tenía un pedazo de pierna guindando, yo lo tenía hacia abajo, me salía mucha sangre, estaba toda bañada en sangre, me ayudaron, me llevaron a la casa del migrante, llegó el grupo "Beta" y de ahí me llevaron al hospital".

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Zoila Amador vivió una pesadilla en México. Ahora solo quiere reunirse con sus dos hijas.
Zoila Amador vivió una pesadilla en México. Ahora solo quiere reunirse con sus dos hijas. Foto cortesía: Diario de Acuyacán

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