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El carnicero de Praga

Honduras, 09.07.14 - Mario Vargas Llosa : diarioSPAMFILTER@elheraldo.hn

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Mario Vargas Llosa

Hace por lo menos tres d茅cadas que no le铆a un Premio Goncourt. En los a帽os sesenta, cuando trabajaba en la Radio Televisi贸n Francesa, lo hac铆a de manera obligatoria, pues deb铆amos dedicarle el programa 鈥淟a literatura en debate鈥, en el que, con Jorge Edwards, Carlos Sempr煤n y Jean Supervielle pas谩bamos revista semanal a la actualidad literaria francesa. O mi memoria es injusta, o aquellos premios eran bastante flojos, pues no recuerdo uno solo de los siete que en aquellos a帽os coment茅.

Pero estoy seguro, en cambio, que este Goncourt que acabo de leer, HHhH, de Laurent Binet -tiene 39 a帽os, es profesor y esta es su primera novela- lo recordar茅 con nitidez lo que me queda de vida. No dir铆a que es una gran obra de ficci贸n, pero s铆 que es un magn铆fico libro. Su misterioso t铆tulo son las siglas de una frase que, al parecer, se dec铆a en Alemania en tiempos de Hitler: 鈥淗immlers Hirn heisst Heydrich鈥 (El cerebro de Himmler se llama Heydrich).

La recreaci贸n hist贸rica de la vida y la 茅poca del jefe de la Gestapo, Reinhard Heydrich, de la creaci贸n y funciones de las SS, as铆 como de la preparaci贸n y ejecuci贸n del atentado de la resistencia checoslovaca que puso fin a la vida del Carnicero de Praga (se le apodaba tambi茅n 鈥淟a bestia rubia鈥) es inmejorable. Se advierte que hay detr谩s de ella una investigaci贸n exhaustiva y un rigor extremo que lleva al autor a prevenir al lector cada vez que se siente tentado -y no puede resistir la tentaci贸n- de exagerar o colorear alg煤n hecho, de rellenar alg煤n vac铆o con fantas铆as o alterar alguna circunstancia para dar mayor eficacia al relato. Esta es la parte m谩s novelesca del libro, los comentarios en los que el narrador se detiene para referir c贸mo naci贸 su fascinaci贸n por el personaje, los estados emocionales que experimenta a lo largo de los a帽os que le toma el trabajo, las peque帽as an茅cdotas que vivi贸 mientras se documentaba y escrib铆a. Todo esto est谩 contado con gracia y elegancia, pero es, a fin de cuentas, adjetivo comparado con la formidable reconstrucci贸n de las atroces haza帽as perpetradas por Heydrich, que fue, en efecto, el brazo derecho de Himmler y uno de los jerarcas nazis m谩s estimados por el propio F眉hrer.

鈥淐arnicero鈥, 鈥渂estia鈥 y otros apodos igual de feroces no bastan, sin embargo, para describir a cabalidad la vertiginosa crueldad de esa encarnaci贸n del mal en que se convirti贸 Reinhard Heydrich a medida que escalaba posiciones en las fuerzas de choque del nazismo hasta llegar a ser nombrado por Hitler el Protector de las provincias anexadas al Reich de Bohemia y Moravia. Era hijo de un pasable compositor y recibi贸 una buena educaci贸n, en un colegio de ni帽os bien donde sus compa帽eros lo atormentaban acus谩ndolo de ser jud铆o, acusaci贸n que estrope贸 luego su carrera en la Marina de Guerra. Tal vez su precoz incorporaci贸n a las SS, cuando este cuerpo de elite del nazismo estaba apenas constituy茅ndose, fue la manera que utiliz贸 para poner fin a esa sospecha que pon铆a en duda su pureza aria y que hubiera podido arruinar su futuro pol铆tico. Fue gracias a su talento organizador y su absoluta falta de escr煤pulos que las SS pasaron a ser la maquinaria m谩s efectiva para la implantaci贸n del r茅gimen nazi en toda la sociedad alemana, la fuerza de choque que destrozaba los comercios jud铆os, asesinaba disidentes y cr铆ticos, sembraba el terror en sindicatos independientes o fuerzas pol铆ticas insumisas, y, comenzada la guerra, la punta de lanza de la estrategia de sujeci贸n y exterminaci贸n de las razas inferiores.

En la c茅lebre conferencia de Wannsee, del 20 de enero de 1942, fue Heydrich, secundado por Eichmann, quien present贸, con lujo de detalles, el proyecto de Soluci贸n Final, es decir, de industrializar el genocidio jud铆o -la liquidaci贸n de once millones de personas- utilizando t茅cnicas modernas como las c谩maras de gas, en vez de continuar con la liquidaci贸n a balazos y por peque帽os grupos, lo que, seg煤n explic贸, extenuaba f铆sica y psicol贸gicamente a sus Einsatzgruppen. Cuentan que cuando Himmler asisti贸 por primera vez a las operaciones de exterminio masivo de hombres, mujeres y ni帽os, la impresi贸n fue tan grande que se desmay贸. Heydrich estaba vacunado contra esas debilidades: 茅l asist铆a a los asesinatos colectivos con papel y l谩piz a la mano, tomando nota de aquello que pod铆a ser perfeccionado en n煤mero de v铆ctimas, rapidez en la matanza o en la pulverizaci贸n de los restos. Era fr铆o, elegante, buen marido y buen padre, 谩vido de honores y de bienes materiales, y, a los pocos meses de asumir su protectorado, se jactaba de haber limpiado Checoslovaquia de saboteadores y resistentes y de haber empezado ya la germanizaci贸n acelerada de checos y eslovacos. Hitler, feliz, lo llamaba a Berl铆n con frecuencia para coloquios privados.

En estos precisos momentos, el gobierno checo en el exilio de Londres, presidido por Benes, decide montar la Operaci贸n Antropoide, para ajusticiar al Carnicero de Praga, a fin de levantar la moral de la diezmada resistencia interna y mostrar al mundo que Checoslovaquia no se ha rendido del todo al ocupante. Entre todos los voluntarios que se ofrecen, se elige a dos muchachos humildes, provincianos y sencillos, el eslovaco Jozef Gabc铆k y el checo Jan Kubi拧. Ambos son adiestrados en la campi帽a inglesa por los jefes militares del exilio y lanzados en paraca铆das. Durante varios meses, malvivir谩n en escondrijos transe煤ntes, ayudados por los peque帽os grupos de resistentes, mientras hacen las averiguaciones que les permitan montar un atentado exitoso en el que, tanto Gabc铆k como Kubi拧 lo saben, tienen muy pocas posibilidades de salir con vida.

Las p谩ginas que Binet dedica a narrar el atentado, lo que ocurre despu茅s, la cacer铆a enloquecida de los autores por una jaur铆a que asesina, tortura y deporta a miles de inocentes, son de una gran maestr铆a literaria. El lenguaje limpio, transparente, que evita toda truculencia, que parece desaparecer detr谩s de lo que narra, ejerce una impresi贸n hipn贸tica sobre el lector, quien se siente trasladado en el espacio y en el tiempo al lugar de los hechos narrados, deslizado literalmente en la intimidad incandescente de los dos j贸venes que esperan la llegada del coche descapotable de su v铆ctima, los imprevistos de 煤ltimo minuto que alteran sus planes, el rev贸lver que se encasquilla, la bomba que hace saltar solo parte del coche, la persecuci贸n por el chofer. Todos los pormenores tienen tanta fuerza persuasiva que quedan grabados de manera indeleble en la memoria del lector.

Parece mentira que, luego de este cr谩ter, el libro de Laurent Binet sea capaz todav铆a de hacer vivir una nueva experiencia convulsiva a sus lectores, con el relato de los d铆as que siguen al atentado que acab贸 con la vida de Heydrich. Hay algo de tragedia griega y de espl茅ndido thriller en esas p谩ginas en que un grupo de checos patriotas se multiplica para esconder a los ajusticiadores, sabiendo muy bien que por esa acci贸n deber谩n morir tambi茅n ellos, hasta el ep贸nimo final en que, vendidos por un Judas llamado Karel Curda, Gabc铆k, Kubi拧 y cinco compa帽eros de la resistencia se enfrentan a balazos a 800 SS durante cinco horas, en la cripta de una iglesia, antes de suicidarse para no caer prisioneros.

La muerte de Heydrich desencaden贸 represalias indescriptibles, como el exterminio de toda la poblaci贸n de L铆dice, y torturas y matanzas de centenares de familias eslovacas y checas. Pero, tambi茅n, mostr贸 al mundo lo que, todav铆a en 1942, muchos se negaban a admitir: la verdadera naturaleza sanguinaria y la inhumanidad esencial del nazismo. En Checoslovaquia mismo, pese al horror que se vivi贸 en las semanas y meses siguientes a la Operaci贸n Antropoide, la muerte de Heydrich mantuvo viva la convicci贸n de que, pese a todo su poder铆o, el Tercer Reich no era invencible.

Un buen libro, como este, perdura en la conciencia, y es un gusanito que no nos da sosiego con esas preguntas inquietantes: 驴c贸mo fue posible que existiera una inmundicia humana de la catadura de un Reinhard Heydrich? 驴C贸mo fue posible el r茅gimen en que individuos como 茅l pod铆an prosperar, alcanzar las m谩s altas posiciones, convertirse en amos absolutos de millones de personas? 驴Qu茅 debemos hacer para que una ignominia semejante no vuelva a repetirse?

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