Un negocio que crece rápidamente en Honduras

El precio de los milagros
La manipulación de las emociones de las personas y el mercantilismo de la fe son las principal características de la secta denominada Iglesia de Vida Nueva, que promueve, sin ningún control, la “Teoría de la prosperidad”.
En un país con mucha ignorancia religiosa, con un 17% de analfabetismo y con un 62 por ciento de la población viviendo en la extrema pobreza, el lema “Pare de sufrir” atrae a cualquiera

La manipulación de las emociones de las personas y el mercantilismo de la fe son las principal características de la secta denominada Iglesia de Vida Nueva, que promueve, sin ningún control, la “Teoría de la prosperidad”.

Con muy poco tiempo de permanecer en Honduras ya tiene construido un emporio de comercialización religiosa por todo el país, con 22 iglesias.

Aunque las personas que integran esta secta provienen de un estrato medio, quienes asisten a sus cultos por lo general son gente muy pobre, de los barrios marginales, donde la desesperanza asoma por las ventanas y camina por las calles.

Por sus celebraciones y su forma de manejar a la gente, los teólogos consideran a esta secta como seudo evangélica, que mezcla el fetichismo con el espiritismo, algo que atrae a las personas con poca formación religiosa.

Esta denominación, que es la misma iglesia Universal del Reino de Dios, cuyo máximo líder es el brasileño Edir Macedo Bezerra, no posee una doctrina propia, sus cultos están impregnados de signos de la Iglesia Católica y mezclados con actitudes del pentecostalismo. Una de sus prácticas, llamada la Santa Cena con Jesús, es similar al rito que realizan los católicos, usando el vino y el pan.

Esto ha generado una confusión entre las personas que asisten a sus cultos, mientras que los estudiosos de La Biblia no hayan cómo definirla y la consideran un híbrido.

En un país con mucha ignorancia religiosa, con un 17% de analfabetismo y con un 62 por ciento de la población viviendo en la extrema pobreza, el lema “Pare de sufrir” atrae a cualquiera.

El deseo de muchos hondureños de evadir el sufrimiento, se ha convertido en una mina de oro para estos pastores, quienes empleando técnicas de manipulación psicológica hacen negocio con la miseria y la necesidad, obteniendo grandes dividendos, de los cuales no rinden cuentas a nadie.

El experto en sociología religiosa Rolando Fonseca considera que la principal característica de este grupo es el fundamentalismo “o sea, el agarrar La Biblia en torno a unos cuantos versículos y de ahí desarrollar su creencia o una teoría donde Dios es el dinero y es el centro de proyección”.

Este grupo crece rápidamente, porque en un país donde hay muchas carencias, la gente anda detrás de algo mágico para solucionar sus problemas, sean de finanzas o de salud, reflexionó. El experto asegura que los líderes de estas iglesias alienan a la gente mediante técnicas psicológicas y presuntas oraciones de liberación, por eso los creyentes dicen sentirse bien y quedan dispuestos a cubrir las demanda que el pastor o la secta solicita.

Cómo operan

La Iglesia de Vida Nueva es dirigida por una docena de brasileños, que a partir del 2004 comenzaron a ingresar al país con sus familias, luego de solicitar a la Dirección de Migración y Extranjería permisos especiales.

El Heraldo detectó que hay sudamericanos en esta iglesia y de los cuales Migración no tiene expediente de ingreso y estadía en el país.
Estos brasileños, que llegaron como misioneros, se han encargado de preparar a otros hondureños, quienes han adoptado hasta el acento portugués al momento de celebrar sus cultos.

Como si huyeran de algo o alguien, solo suelen identificarse con un nombre, por eso ni los colaboradores más cercanos saben el nombre completo de los predicadores y si alguien pregunta, la respuesta es “¿Para qué quiere saber el nombre?”

Promueven su Teoría de la prosperidad y una guerra espiritual alrededor de ciertos versículos bíblicos, completamente manipulados y mutilados a la medida de lo que pretenden hacer creer a la gente, de acuerdo con los teólogos que conocen las prácticas de esta secta.

Para manejar las emociones de los incautos toman textos para reproducir actos caprichosos encaminados -según ellos- a amarrar al diablo. Enseñan que el ser humano es víctima de diez perturbadores o espíritus malignos: el dolor de cabeza, el miedo, la depresión, las visiones y la audición de voces, los vicios, las enfermedades con causas desconocidas, el deseo de quitarse la vida, el insomnio y el nerviosismo.

Sostienen también que estos espíritus demoníacos pueden entrar al ser humano a través de la mente, el oído, los ojos, la boca, las manos, los pies y la espalda.

Aseguran que las enfermedades y la miseria son el diablo y que solo pueden ser combatidos con el uso de la fe.
Además de torcer el sentido bíblico sacan de las mismas escrituras una serie de fetiches, que aseguran son portadores de bendición y capaces de hacer milagros.

En sus cultos son muy comunes aquellos pasajes bíblicos como la Parábola del Sembrador cuando dice que una parte de la semilla cayó en buena tierra y nació y “dio fruto al ciento por uno”.

Esta enseñanza es aplicada en esta iglesia con el fin de cautivar a los asistentes que ansían la multiplicación de las bendiciones materiales.

Otros texto usado muy frecuentemente es la historia de José, quién luego de adivinar el sueño de las siete vacas flacas y las siete vacas gordas, se convirtió en el administrador del faraón y gracias a él no hubo crisis.

Es así como esta teología de la prosperidad ha convertido “el dar en una inversión multiplicadora y ha puesto a Dios como un banquero, y a los pastores en gerentes de una bolsa de valores espirituales”, escribe el pastor Mario Fumero en su libro “La Iglesia en Caos”.

Sus mensajes, acompañados de música y de preguntas como ¿Usted tiene fe? ¿qué tan grande es su fe? golpea el subconsciente de las personas, quienes ante el ofrecimiento de un milagro de curación o mejoramiento de sus finanzas y sus bienes materiales, son seducidos para “voluntariamente” despojarse de sus recursos.

La gente es atraída a esta secta a través de dos programas de televisión, uno de radio y un periódico quincenal, donde además de destacarse los supuestos milagros realizados, se promueven los benditos amuletos, ofrecidos gratuitamente, pero que ya dentro de la iglesia, los incautos los pagarán con su generosa ofrenda, sus diezmos y otras formas usadas por los pastores. Otra forma de llevar gente a la iglesia es a través de los “obreros”, quienes frecuentemente se desplazan a los barrios y colonias más pobres de las ciudades repartiendo volantes e invitando a la población a ser partícipes de las oraciones de sanación.

Sociopatía religiosa

De acuerdo con Teodosio Mejía, doctor en psicología, lo que sucede con la iglesia de Vida Nueva forma parte de una andanada de protestantismo que, apelando a la libertad de culto, se aprovecha de la buena fe, la nobleza y la humildad de la gente.

“Desgraciadamente cuando un pueblo no está preparado para discernir debido a factores culturales cae presa de teorías, como esa de la prosperidad que no es más que un manipuleo de la conciencia para hacer creer que la prosperidad se puede adquirir a través de la fe”. Si se toma a la secta religiosa como una medicina más bien está haciendo daño. Está produciendo “lo que llamamos una diatrogenia religiosa, donde en vez de ayudar a ser feliz y a vivir una vida sana está llevando a la gente a la perturbación emocional”.

Para el psicólogo, estas personas que se aprovechan de la gente, tienen rangos sociopáticos. El sociópata es una persona con trastornos de personalidad capaz de hacer daño sin interesarle lo ético y lo moral y sin sentir remordimiento por sus actos.

10/03/2009
Redacción
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