México
En su intento por alcanzar el sueño americano, muchos inmigrantes tienen que vivir una pesadilla.
Los testimonios de varios centroamericanos secuestrados por los zetas revelan la participación de policías corruptos y también la brutalidad que sufren las víctimas de esta productiva actividad del crimen organizado en México.
El albergue Belén Posada del Migrante de Saltillo lanzó esta semana su sexto informe sobre la situación de los inmigrantes, dedicado casi exclusivamente al secuestro de migrantes, que supera a otras graves violaciones a sus derechos humanos.
El reporte expone cómo el cártel narcotraficante de 'Los Zetas' impone su ley en los territorios por los que pasa el tren que usan los inmigrantes para llegar al norte, sobre todo en los estados del Golfo de México, con complicidad de autoridades migratorias y policiales.
"Unos policías municipales nos detuvieron con el pretexto de que algo nos habíamos robado. Nos esposaron y nos treparon a la camioneta para llevarnos a los separos (comisaría). Como a las dos horas, la policía nos entregó a unos hombres que decían que eran Zetas" explicó Alejandro, un hondureño de 36 años, golpeado y secuestrado juntos a sus compañeros.
El testimonio de Juan, nicaragüense de 25 años, es más revelador: "En Tenosique (Tabasco, sureste), el jefe de los 'Zetas' tiene una casa detrás de la estación migratoria. Cuando él quiere entra (...), saca migrantes y se los lleva a su casa como secuestrados". Una vez retenidos les espera un infierno.
"Éramos unas treinta personas secuestradas. Había migrantes que tenían varios días y hasta semanas ahí dentro. Unos no tenían dedos, ni de las manos ni de los pies, y a algunos les faltaban manos o brazos. Los secuestradores se los habían cortado porque su familia no respondía o no podía pagar", afirmó David, hondureño de 20 años, plagiado en Orizaba (Veracruz).
En la casa había "como cinco niños de 15 años y a ellos también les habían cortado los dedos de las manos", relató.
¿Dónde están?
Miles de migrantes denuncian haber sido víctimas o haber visto un plagio, afirma Alberto Xicoténcatl, director de un albergue en Saltillo (norte).
"Anualmente recibimos a cerca de 10,000 inmigrantes, casi todos centroamericanos. Y de los que han llegado en el último año no hay uno solo que no haya sufrido o visto un secuestro en México", denunció a la AFP.
El activista teme un aumento del rapto de inmigrantes que tratan de atravesar México hacia Estados Unidos. En 2009 la oficial Comisión de Derechos Humanos estimó que 10,000 emigrantes fueron secuestrados en seis meses.
"Antes conocíamos de los secuestrados porque muchos se escapaban", admitió Xicoténcatl, pero ahora son menos los que logran huir y sólo se sabe de los plagios por el testimonio de "los que no consiguen atrapar" los secuestradores.
"Nos preocupa saber qué está pasando con las personas que no están alcanzando la libertad", añadió.
Policía cómplice
Durante un recorrido que realizó la AFP esta semana por el refugio San Juan Diego de Lechería y en las vías aledañas, en las afueras de la capital mexicana, todos los entrevistados relataron robos, abusos y secuestros.
"A mi amigo lo secuestraron ayer en Tierra Blanca (Veracruz, sureste). Vi como un carro blanco se lo llevó cuando yo salía de una tienda", dijo alterado Miguel, un salvadoreño.
Descansando en el suelo, los hermanos Carlos y Antonio exhiben tranquilamente sus documentos de El Salvador, aunque saben que esos datos son ambicionados por los secuestradores para pedir rescate.
"Lo sabemos pero llevarlas es bueno por si te pasa algo. Porque si no te quedas tirado en cualquier lugar como un perro", dice Carlos, de 17 años y padre de un hijo.
Una vez en las vías, Miguel y otro grupo de inmigrantes tratan de subir al tren mientras una patrulla con policías encapuchados del Estado de México los persiguen, aunque dan media vuelta al percibir la presencia de periodistas.
"Muchos testimonios nos dicen que la policía del Estado de México atrapa inmigrantes en Lechería para robarles, pero también para entregarlos al crimen organizado", apunta Xicoténcatl.