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“No merecía morir así"

Las víctimas dormían cuando la muerte las sorprendió en horas de la madrugada; sus cuerpos ahora descansan en el cementerio de El Durazno. El menor sobreviviente vivirá con sus hermanas en Olancho
21.10.08 - Actualizado: 22.10.08 08:52am - Digna Aguilar : digna.aguilar@elheraldo.hn

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Tegucigalpa ,

Honduras

El pequeño Wilmer (11) estaba impávido. Su mirada en el vacío, como viviendo en otro mundo. Sus amiguitos lo rodeaban y le daban aliento. La gente se le acercaba y lo abrazaba.

Wilmer fue uno de los dos sobrevivientes al derrumbe que soterró su vivienda en la colonia El Retiro de Comayagüela. Allí murieron su madre y tres hermanos.

Los cuerpos estaban colocados en línea al fondo de la iglesia Nueva Jerusalén, a pocos metros de donde ocurrió la tragedia.

La muerte sorprendió en horas de la madrugada del lunes a Dominga Judith Alvarado, de 38 años, así como a sus hijos Yeimi Sarahí Aguilar Alvarado (11), Carlos Alberto Aguilar Alvarado (8) e Issac Felipe Vásquez Alvarado (10 meses); también falleció una vecina de nombre Sonia Yoselin Amador (20).

A la catástrofe sobrevivieron Felipe Vásquez Aguilar, compañero de hogar de Dominga, y su hijastro Wilmer Alexander Aguilar Alvarado, de 11 años, quienes se salvaron porque dormían en otra habitación de la vivienda.

La iglesia estaba llena de vecinos angustiados y tristes a quienes en silencio se les veían lágrimas rodar por sus mejillas.

Los hijos de doña Dominga, cuatro que viven en Olancho, eran los que más mostraban su dolor, con llanto inconsolable. Wilmer los miraba, inocente, sin entender siquiera la dimensión de la tragedia.

Víctima de maltrato

Karla Patricia Aguilar Alvarado (19) gritaba en voz alta, adolorida, golpeada por la ausencia de su madre. Por momentos bajaba su voz y hablaba casi para sí misma, con palabras de remordimiento.

“Mi madre no se merecía sufrir, ella recibía maltratos de su marido, él la insultaba y la corría de la casa a cada rato”, decía.

Los vecinos recuerdan cómo la señora Dominga, para sobrevivir, se dedicaba a hacer oficios domésticos, incluso el de lavar ropa ajena.

Con eso se ganaba la vida y ayudaba en la casa. La fallecida convivía con Vásquez desde hace año y medio, con quien procreó a Isaac Vásquez, el menor de 10 meses que falleció en los brazos de su madre.

Sobreviviente

El pequeño Wilmer, vistiendo una camiseta de la Selección nacional de fútbol y un pantalón jean azul, entraba y salía de la iglesia. Se acercaba donde estaban los féretros, los observaba y luego salía.

El menor tiene la pasión de casi todo niño de su edad, jugar al fútbol, por eso recuerda siempre el consejo de su madre: puede ir a jugar pelota, pero cuando empiece a llover se viene para la casa. “Ella me decía que si me mojaba me iba a enfermar”, recuerda.

Si de él dependiera, no se quedaría con su padrastro, sino con sus hermanas que viven en Olancho.

El funeral

Tres autobuses y varios vehículos transportaron a los dolientes y vecinos de los fallecidos, los cuerpos fueron sepultados en el cementerio municipal de El Durazno.

Hasta el lugar también se desplazó el primer esposo de Dominga, Felipe, con quien se había casado cuando ella tenía 15 años.

Fue algo dramático. Los hijos lloraban desconsoladamente al borde del desmayo y estuvieron a punto de interrumpir el sepelio. “No, mamita linda, no te vayas, mamita linda, no te vayas”, gritaba desesperadamente una de sus hijas, ante la impotencia de los vecinos y acompañantes.

El presidente de la República, Manuel Zelaya, llegó en horas de la tarde a la iglesia donde estaba el velatorio y prometió darles ayuda material.

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La familia fue enterrada junta. En orden de izquierda a derecha: primero se ingresó el cuerpo de Isaac, luego el de Carlos, después el de Yeimi y por último el de su madre, quedando esta última en la primera fosa.
La familia fue enterrada junta. En orden de izquierda a derecha: primero se ingresó el cuerpo de Isaac, luego el de Carlos, después el de Yeimi y por último el de su madre, quedando esta última en la primera fosa.

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