Honduras
Las autoridades del Comité de Emergencia Municipal no tienen un reporte oficial, pero los damnificados en la zona de Patuca se cuentan por millares y la situación se agrava con cada hora que pasa, porque los alimentos se están acabando.
Lo peor de todo es que la zona está incomunicada tanto con Juticalpa como con Danlí.
Los habitantes de la cabecera municipal, a la que llaman Palestina, sospechan que aguas abajo, hasta llegar a Gracias a Dios los desastres son imaginables y no se atreven a pensar cómo están haciendo los sobrevivientes de las riveras de los poderosos ríos de esa zona.
Amílcar Zavala, diputado nacionalista de la zona, calificó la situación como una auténtica tragedia y llamó al gobierno de la república para que atienda a Patuca de emergencia, porque según dijo muchas vidas pueden perderse ya no a causa de las riadas, sino como consecuencia del hambre y de las enfermedades.
Furia de los ríos
No hay manera de comunicarse por vía terrestre desde Palestina hasta Juticalpa, y por el otro lado, tampoco es posible salir hacia Danlí, porque un puente de concreto localizado en la comunidad de Tepemechín fue “fracturado” por las violentas aguas.
Toda la zona de Patuca es ahora una inmensa isla, arruinada, con hambre y con muchas calamidades.
Abelino Betancourth, alcalde de Patuca, dijo que las calamidades empezaron el dos de octubre cuando el río Guayambre arrancó los cultivos de la zona La Laguna y Seales.
“Todo empeoró el domingo anterior cuando el Río Jalán, otro afluente del Patuca, arrasó los cultivos de Ocotillal, San Jerónimo, Zarzalosa y todas las vegas aguas abajo hasta La Mosquitia”, dijo el edil.
Betancourth, señaló que al menos 60 mil personas están incomunicadas y urgió el envío de ropa limpia y seca, frazadas, colchonetas, alimentos no perecederos, medicinas y combustible, porque todos temen que lo que viene es peor del daño directo que hicieron las propias riadas.
Por ahora, los más necesitados, se suben por los unos troncos de árboles al pedazo de plancha que quedó del puente de Tepemechín y luego hacen una travesía a pie por el fango, para transbordar.
Los que hacen eso son hombres osados que transportan enfermos, van al otro lado a comprar medicinas o buscan de forma desesperada, alimentos para sus hijos y ancianos.
También están los que desafían la corriente y a bordo de embarcaciones con motor fuera de borda, que ellos llaman “pipantes” sacan grandes cantidades de barriles de leche hacia los mercados de Danlí y Tegucigalpa. Sin embargo, ellos saben que se juegan la vida en ese empeño.
El río lo arruinó todo
Los testimonios son desgarradores. A Santos Yánez Palma, el Río Patuca “le borró” su casita en un abrir y cerrar de ojos y el hombre decía ayer entre lágrimas “no tengo salida, no sé qué voy a hacer para pagar los préstamos”.
El anciano, relató que el Patuca también le llevó una manzana de arroz a punto de cosechar. Allí no para todo, el río también está lavando progresivamente la casa de una hija de Santos. Ella es madre soltera y está minusválida desde hace años, así que el abuelo responde por ella y por sus cinco hijos.
El alcalde Betancourth y el diputado Zavala dijeron que no tienen ni idea de lo que puede encontrarse aguas abajo desde Palestina hasta la confluencia con el inmenso Segovia y la desembocadura en la barra de Caratasca ya en el Atlántico.
Aseguraron que no existe tanta imaginación para sospechar un cuadro así y pidieron que avionetas y helicópteros llevando agua fresca y limpia, ropas, medicinas y alimentos salgan por toda esa rivera tan pronto sea posible.