Honduras
La ansiada paz no llega a este sector del país. Aunque la lluvia ha cesado, el nivel de poderosos ríos no baja, al contrario, sube.
Es por eso que los afectados en Potrerillos, Pimienta y Villanueva claman al cielo para que las lluvias cesen en el país, el río baje su nivel y el gobierno se haga presente con ropa, alimento y medicinas.
Temen por el presente, pero también por el futuro. Se preguntan una y otra vez dónde van a vivir y quién les ayudará a reponer sus bienes.
Hasta ayer llegaronvíveres a Potrerillos
En Potrerillos, hasta ayer, las 300 familias damnificadas recibieron una pequeña provisión de alimentos.
“No hemos tenido ningún apoyo. Con esfuerzos locales hemos recogido productos para entregar a los afectados.
Ya se restableció el servicio de agua potable, pero se requiere del líquido para tomar”, informó el alcalde Valentín Ramírez, quien también solicitó al Ministerio de Salud enviar brigadas médicas.
En los albergues, los rostros de angustia prevalecen. Ayer se mantuvieron pendientes de que bajara el agua en sus colonias.
“Las casas permanecen inundadas. No hay esperanzas de regresar y en las noticias anuncian más lluvias”, dijo doña María Ángela Ramos, de 78 años, que junto a su esposo José Ortiz, de 71 años, reposan en una aula del kínder Elsa Ruiz.
La pareja lleva 32 años de estar huyendo de las inundaciones.
“Vivíamos primero en El Progreso, en el sector de Naranjos Chinos, y nos venimos hace cuatro (años) para acá, al barrio Suyapa, a pasar por lo mismo. Estoy rendido de andar con los bojotes para arriba y para abajo”, agregó don José.
Los ancianos apelaron a la solidaridad de los ciudadanos.
“Necesitamos agua para tomar y medicinas para el pecho y la piel”, suplicaron.
Las autoridades municipales dicen que se debe esperar.
“Cada vez que haya una crecida del río Humuya y de río Blanco, el peligro estará latente.
Tenemos dos aberturas en los bordos de contención y mientras no se reparen va a ser difícil recuperar la calma y las autoridades nos han dicho que no hay fondos para ejecutar los trabajos”, señaló Ramírez, quien pidió a las autoridades superiores menos burocracia y más acción.
En este municipio se destruyó el paso a las comunidades de El Remolino, El Tule y Caracol.
Unas cuatro mil familias no pueden salir de esas zonas, según Ramírez.
Desde el lunes por la noche se habilitó el paso a la altura del puente del Ulúa, que une este municipio con Pimienta.
Crisis en Pimienta
Los cuadros en este municipio son similares.
Los niños descalzos juegan en las aguas contaminadas mientras sus padres buscan cómo rebuscarse para cocinar algún alimento.
“Necesitamos medicinas para los pies. Nos estamos llenando de infecciones porque nos toca andar metidos en el agua”, expresó Kenia Corea, quien espera que el agua baje en el barrio El Bosque para regresar a su casa.
Igual que ella, doña Berta Machado, quien está albergada junto a sus cinco niños en el centro comunal, pidió por ropa, zapatos y alimento.
“Nos han traído comida, pero poca. Aquí estamos de brazos cruzados porque no tenemos ni dónde cocinar. Los niños hasta se están enfermando del estómago”, dijo.
Su hija Cindy, de 11 años, afirma con su cabeza y repite lo que dice su madre.
“Mis cuatro hermanitos y yo necesitamos ropa, cobijas, zapatos... mire, andamos descalzos”, decía.
Ayer algunas personas particulares se solidarizaron con los afectados que están apostados en el lado de la línea y quienes llegaban como avispas al panal para recoger una bolsa de pan, leche, jugo y agua.
En el sector de Santiago siguen incomunicados más de 10 mil habitantes. Ayer, una brigada norteamericana se trasladó allí en lanchas para auxiliar a los habitantes con asistencia médica general y también les llevaron víveres con apoyo de las autoridades municipales.
Champas en Villanueva
Las más de 700 personas afectadas en esta zona se mantienen en alerta. En el sector del Kilómetro 86, los que decidieron no trasladarse a los albergues han construido champas para estar pendientes de sus viviendas sobre la línea férrea.
“No podemos abandonar de un todo las casas porque es un peligro. Aquí estamos pendientes de la crecida y de nuestras cosas”, dijo doña Sonia Martínez, quien está angustiada por el estado de salud de sus pequeños Elvin Leonardo, de 18 meses, y Ashly, de apenas 6 meses.
“Muchos niños de los vecinos están enfermos del estómago y la mayoría tenemos hongos en los pies. Yo anduve un rato en el agua y ya me picaba todo el cuerpo”, dijo Sonia.
“Nos han venido a dejar alimentos, pero necesitamos que vengan brigadas médicas”, reiteró.
En el sector de Dos Caminos, los habitantes también están pendientes de que baje el agua, pues hasta ayer no se determinaba una descenso de la misma. La alerta continúa.