Estados Unidos
Pasarán meses -quizás años en algunas áreas- antes de que la normalidad regrese en su totalidad a las zonas impactadas por la furia del huracán Ike, que el pasado fin de semana embistió sin piedad las costas de Texas, dejando un saldo de por lo menos 50 muertos, a millones sin energÃa eléctrica y daños cuantiosos de miles de millones de dólares.
A cuatro dÃas de la indeseada visita de Ike, equipos de salvamento continuaban ayer sus operaciones de búsqueda de cadáveres en las zonas quedaron aisladas de la costa del Golfo de México.
La falta de alimentos y gasolina se ha hecho presente desde que la tormenta arremetió contra Texas. A pesar que la ayuda gubernamental llegó a la región tan pronto amainó el mal tiempo, miles de residentes se han visto forzados a esperar en largas filas para obtener productos de primera necesidad.
Muchos muertos
La cifra oficial de muertos a causa de Ike se mantenÃa en 50, hasta ayer, de los cuales 17 fueron en Texas, y muchos de estos murieron por incendios o gases despedidos por generadores después del paso del huracán.
Stephen Pustilnik, el médico examinador del condado de Galveston, dijo que los equipos han encontrado las cinco primeras vÃctimas en la isla de Galveston y otra en el condado de Brazoria. Las autoridades habÃan avisado que esperaban encontrar cuerpos en Galveston.
El secretario del Departamento de Seguridad Interior estadounidense, Michael Chertoff, volvió el martes por segunda vez a Texas para examinar los trabajos de recuperación tras el paso de la tormenta.
Ike dejó varadas más de 30 mil personas en los albergues y antes de golpear el territorio estadounidense habÃa dejado un saldo fatal de 80 muertos en el Caribe y gran devastación en partes de Cuba, Haità y República Dominicana.
Sin electricidad
Mucha gente en Houston, la cuarta ciudad más grande de Estados Unidos, seguÃa sin electricidad, lo que dificultó la labor de encontrar lugares que ofrecÃan productos de primera necesidad. Muchos preveÃan estar sin electricidad hasta dentro de una semana.
En Scott Terrace, un barrio de casas de madera de un piso, Myrle Smith, de 59 años, dijo que muchos de sus vecinos son de la tercera edad o están enfermos y no tienen vehÃculos para viajar hasta un centro de distribución de comida que está a 2.4 kilómetros de distancia. La zona, todavÃa ayer, estaba llena de árboles derribados, enormes ramas, y basura esparcida por las calles.
La situación es mucho peor en la isla de Galveston y otras comunidades cercanas, que fueron destrozadas por el huracán.