Estados Unidos
La madre de ocho bebés recién nacidos dijo que se le implantaron seis embriones durante un tratamiento para la fertilidad, un número mayor al recomendado, y que estaba muy consciente de que podría tener un embarazo múltiple en consecuencia.
“Quería que todos fueran transferidos. Son mis hijos y eso era lo que estaba disponible cuando los usé. Así que tomé un riesgo, hice una apuesta. Siempre es así”, dijo Nadya Suleman al programa Today de la cadena NBC.
“Todo resultó perfecto”, dijo Suleman.
La entrevista y documentos públicos obtenidos retiraron el velo de misterio con el cual se cubrió Suleman luego de los nacimientos del 26 de enero.
La mujer de 33 años, soltera y sin empleo, recibió fuertes críticas por someterse a un tratamiento de fertilidad y arriesgarse a un parto múltiple a pesar de ya tener seis hijos.
Con la fertilización in vitro los médicos suelen implantar más de un embrión para mejorar las posibilidades de éxito.
Sin embargo, la industria de la fertilidad en Estados Unidos aplica ciertas pautas y generalmente no permite que más de dos embriones sean implantados en mujeres menores de 35 años.
Los expertos dicen que hay pequeñas posibilidades de que los embriones se dividan, lo que al parecer propició que fueran octillizos.
Suleman dijo que se le implantaron seis embriones para cada uno de los procedimientos previos de los cuales resultaron sus primeros seis hijos.
“Todo lo que quería era tener hijos. Quería ser mamá. Es lo que siempre he querido. Yo amo a mis hijos”, dijo.
En la entrevista, Suleman dijo que luchó durante siete años antes de finalmente dar a luz a su primer hijo.
De acuerdo con documentos del estado, Suleman le dijo a un médico que tuvo tres abortos espontáneos.
Otro médico puso en duda esa cifra, señalando que ella tuvo dos embarazos ectópicos, una peligrosa condición en la que un huevo fertilizado se implanta en un lugar diferente al útero.
De acuerdo con documentos judiciales, Suleman se lesionó el 18 de septiembre de 1999, cuando estalló una especie de motín entre los pacientes del Hospital Estatal Metropolitano, donde trabajaba como técnica psiquiátrica.
Mientras trataba de contener a un paciente junto con otros empleados, alguien lanzó un escritorio que le dio en la espalda, dañando su espina dorsal y dejándola con dolores de cabeza y de espalda crónicos durante años.