Estados Unidos
Esta es una propuesta que está destinada a calar muy hondo en la psiquis nacional: ¿Debe negociar Estados Unidos con quienes le ofrecieron santuario a Osama bin Laden antes de los ataques del 11 de septiembre de 2001?
El presidente Barack Obama enviará 17,000 soldados adicionales a Afganistán, como parte de su esfuerzo por ponerle un torniquete a la sangrÃa del esfuerzo bélico en ese paÃs. Ha ordenado una revisión estratégica de la polÃtica de Estados Unidos hacia Afganistán y encargado a un destacado diplomático -Richard C. Holbrooke, arquitecto de los acuerdos de paz de Dayton, que pusieron fin a la guerra de los Balcanes en 1995- que trate de hacer en Afganistán lo que hizo en Bosnia. Y, pocos dÃas después de haber asumido la presidencia, se hizo cargo de la guerra en Afganistán, con todas las referencias de la era de Vietnam al pantanal que implica.
Pero hay un punto central suspendido sobre la revisión estratégica de la polÃtica hacia Afganistán y Pakistán que se está llevando a cabo en Washington, Islamabad, Kabul, Londres, ParÃs y Bruselas: todo conflicto que se ha resuelto implicó siempre que las diversas partes llegaran a un acuerdo y Afganistán, dice la teorÃa, no es la excepción.
"Creo que está claro que debemos tener una solución polÃtica en Afganistán y yo no descartarÃa nada de la mesa de negociaciones, ni siquiera conversar con algunos sectores de los talibanes", afirmó Reuben Brigety, experto en Afganistán del Centro para el Progreso de Estados Unidos.
Es un argumento que los europeos -especialmente los británicos- les han presionado a los estadounidenses desde hace tiempo. Durante el gobierno de George W. Bush, observó un diplomático europeo, "hubo un bloqueo ideológico total a la idea de llegar a cualquier tipo de acuerdo con cualquiera que pudiera llamarse talibán". Pero ahora, agregó el diplomático, que habló a condición de quedar en el anonimato, "estamos en una cancha diferente".
En una entrevista con The New York Times, Obama abrió la puerta para acercarse a algunos elementos de los talibanes, si la revisión que haga su gobierno asà lo recomienda. Mencionó un argumento que atribuyó al general David H. Petraeus, en el sentido de que "parte del éxito en Irak implicó acercarnos a personas que consideramos islamistas fundamentalistas, pero que estaban dispuestas a colaborar con nosotros". Obama agregó que "podrÃa haber oportunidades similares en Afganistán y en la región paquistanÃ; pero la situación en Afganistán es más compleja".
Pláticas
Eso deja al gobierno estadounidense a años luz de entablar pláticas con el muláh Mohammad Omar, que era el lÃder de los talibanes cuando éstos gobernaban Afganistán el 11 de septiembre de 2001. Ahora ha sido acusado de guiar a los comandantes del sur de Afganistán desde su base en Quetta, Pakistán, recabando fondos de acaudalados donadores del golfo Pérsico y entregando armas y combatientes nuevos al campo de batalla, revelaron funcionarios estadounidenses. E incluso si Estados Unidos llegara a optar por hablar con talibanes, lo más probable es que dichos talibanes hablaran con funcionarios afganos, no directamente con los estadounidenses.
Pero hay una creencia creciente, particularmente entre los expertos que han asesorado al gobierno de Obama sobre la polÃtica hacia Afganistán y Pakistán, de que es importante atraer a miembros de bajo rango de los talibanes, en una estrategia de tipo "divide y vencerás". Petraeus, jefe del comando central de Estados Unidos, declaró el año pasado que un elemento de la estrategia contrainsurgente en Irak, que podÃa aplicarse en Afganistán, era llegar a los que llamó "reconciliables" dentro de los insurgentes.
Conforme a ese principio, el jeque Omar no está considerado reconciliable, al menos en estos momentos en Occidente. Pero un comandante talibán local podrÃa serlo.
Por ejemplo, el muláh Salam, ex comandante talibán que fue convencido de cambiar de bando en 2007 por los británicos, con la ayuda del presidente afgano, Hamid Karzai. El sigue siendo visiblemente leal a las fuerzas de la OTAN y algunos funcionarios británicos lo ponen de ejemplo de los resultados que puede dar una campaña para cortejar comandantes de distrito talibanes.
Pero sigue sin respuesta la pregunta de si la deserción de Salam ha ayudado o dañado el esfuerzo bélico. Los británicos lo instalaron como gobernador de distrito en Musa Qala, en la provincia de Helmand. Desde entonces, Salam ha sido el centro de quejas de la población local. Los habitantes se quejan de que es impopular y corrupto, señalando que exige sobornos y tributos de cualquiera que necesite algo.