Iraq
Dos atentados suicidas sucesivos dejaron ayer un total de 60 muertos frente al principal santuario chií en Bagdad, en un nuevo ataque que hunde a Irak en una espiral de violencia cuando faltan nueve semanas para la retirada de las ciudades de las tropas estadounidenses.
Este es el segundo día sangriento que viven los iraquíes.
Los ataques dinamiteros del viernes y el jueves -con unos 140 muertos en total- son los más recientes en una serie de atentados atribuidos a insurgentes suníes, dijeron funcionarios policiales.
Los atacantes de ayer se inmolaron con minutos de diferencia cerca de distintas entradas a la tumba del santo chií Imán Mousa al-Kazim, en el vecindario de Kazimiya. Los ataques tuvieron lugar poco antes del comienzo de las plegarias del viernes cuando los peregrinos entraban en la mezquita.
La zona fue totalmente acordonada por las fuerzas de seguridad, que prohibieron el acceso a los periodistas.
En el hospital se oían los gritos de los heridos. Sabiha Kazem, herida en una mano y en la cabeza, declaró que había perdido a cuatro miembros de su familia. “Estaba cerca del mausoleo cuando hubo una enorme explosión y fuego”, confió esta mujer de 50 años originaria de Diwaniya (sur).
Blanco de insurgentes
El santuario ha sido blanco predilecto de los insurgentes, más recientemente a comienzos de mes cuando una bomba dejada en un bolsa de plástico en las cercanías dejó siete muertos y 23 heridos.
En enero, un hombre vestido de mujer se voló cerca del santuario, con un saldo de más de tres docenas de muertos y más de 70 heridos.
La violencia en Irak está en sus menores niveles desde los meses posteriores a la invasión encabezada por Estados Unidos en el 2003.
Pero los recientes ataques en Bagdad y otros sitios han puesto de manifiesto fallas en la seguridad en momentos en que los iraquíes pasan a tomar control de la protección de su propio país.