Iraq
Abu Omar al Baghdadi fue capturado de nuevo hace varias semanas.
Pero eso ya no es noticia.
Al Baghdadi es el lÃder del grupo de yihadistas más fanáticos que combaten en Irak y varias veces antes ya se habÃa informado de su captura y de su muerte. Y también varias veces se ha declarado que no es real.
Por lo general, que una persona esté detenida o no es una proposición bastante directa: o está o no está.
Pero incluso los irakólogos novatos encontrarÃan divertidamente inocente la idea de que pueda haber una proposición directa, especialmente en un caso tan polÃticamente cargado como éste.
AquÃ, la polÃtica juega con interminables equÃvocos y manipulaciones que convierten en incertidumbre incluso los datos más concretos: la demografÃa, las fronteras, las estadÃsticas de delincuencia. Asà que vale la pena tener en cuenta el relato de Abou Omar ahora que se intensifican las pugnas por las elecciones nacionales que se celebrarán en enero del próximo año.
El purista
Para los yihadistas, él es el purista que lucha bajo la bandera del Estado Islámico de Irak, el aspirante a califa de un imperio islamista en ascenso.
Para las autoridades, es la cabeza de serpiente de la organización que en Irak tiene lazos más estrechos con Al Qaida.
El no ha aparecido en público, empero; solo a través de grabaciones de sus floridas conferencias en las que condena a Occidente, Israel, Irán y los sunnitas no lo bastante celosos.
Esto le confiere un aura que lo vuelve más poderoso a los ojos de los yihadistas y le ha evitado pasar por bochornos de relaciones públicas como los que afectaron a su ahora difunto predecesor, Abu Musab al Zarqawi.
La fama legendaria de Al Baghdadi plantea la pregunta de si realmente existe. En 2007, los estadounidenses dijeron que no existÃa, que era un actor que interpretaba ese papel, con lo que muchos iraquÃes estuvieron de acuerdo. Lo raro fue que eso no impidió que el gobierno anunciara que lo habÃa detenido a fines de abril. Al mismo tiempo, su utilidad como sÃmbolo no dejó de crecer mientras las diversas facciones polÃticas proyectaban sobre su arresto sus nociones preconcebidas acerca de sus rivales.
La verdad de las cosas, entre tanto, siguió tan obscura como siempre.
Las autoridades iraquÃes afirmaron regocijadas que su arresto era más importante que la captura de Saddam Hussein. Identificaron al hombre arrestado como Ahmed Abd Ahmed Khamis al Majmaie y dijeron que era el mismo que se conocÃa como Abu Omar al Baghdadi.
Bueno, al menos algunos funcionarios lo dijeron. El ministro de seguridad nacional, en una entrevista periodÃstica, dio un nombre y un sumario biográfico diferentes del hombre en custodia. Y los desconcertados funcionarios de policÃa de una provincia vecina dijeron que su fotografÃa no coincidÃa con la del Abu Omar al Baghdadi que ellos habÃan estado persiguiendo.
Campañas
Después, a mediados de mayo, el gobierno dio a conocer un video en el que un insignificante hombrecillo, con una barba bien rasurada, admitÃa ser Al Baghdadi y expresaba su remordimiento por dañar al pueblo iraquÃ.
Incluso para quienes estaban convencidos de que efectivamente era él, sus declaraciones parecieron fuera de tono, sobre todo por venir de un hombre que ha proclamado ser el defensor destinado de la fe islámica.
Al explicar cómo funcionaba el movimiento insurgente, el hombre también implicó a personajes que el gobierno, dirigido por chiitas, ya consideraba adversarios o por lo menos competidores; entre ellos habÃa leales al régimen anterior, varios paÃses sunitas de la región y el principal partido polÃtico sunita. Y para los escépticos, todo eso resultó demasiado oportuno para el gobierno.
Los polÃticos sunitas incluso dijeron quién era ese tipo: uno de los malos involucrados con la insurgencia pero no alguien que pudiera ser visto con respeto como Abu Omar.
Afirmaron que el episodio era una distracción causada por el gobierno para salvar la honra, cuando se estaba enfrentando a una oleada de nuevos ataques y a su imposibilidad de combatir la corrupción generalizada, además de ser un paso más en la campaña para desacreditar y desmantelar el establecimiento sunita.
En todo esto, los estadounidenses han ido a la segura.
"En realidad no importa cómo diga llamarse", declaró a los periodistas el mayor general David Perkins, principal vocero militar.
"A final de cuentas, lo que realmente importa es qué papel ha desempeñado."