Estados Unidos
El acto de publicar en Twitter está tan libre de fricciones -unos cuantos teclazos y oprimir Enviar- que uno puede olvidar que los demás nos están escuchando.
Estuve en un vuelo de costa a costa por Virgin America y aproveché la conexión inalámbrica para “tuitear” el hecho de que el tipo sentado junto a mí parecía el líder de una secta que implicaba al desodorante Axe.
Media hora después, una azafata se me acercó para preguntarme si estaría más cómodo en un asiento separado. (Resultó ser un gran tipo, pero yo estaba haciendo un artículo respecto de otra parte de la compañía, así que rechacé el ofrecimiento.
VirginAmerica, la cuenta Twitter de la compañía, me envió un mensaje después diciendo que quizá tendría que establecer un proceso de detección de Axe. Fue escalofriante y reconfortante al mismo tiempo).
Al igual que muchos novatos de Twitter, yo sobrestimé enormemente la importancia de la difusión en Twitter y, después de un tiempo, me di cuenta de que no soy ningún Moisés y que ni Twitter ni sus usuarios se estaban preguntando en que estaba pensando yo.
Casi un año después he llegado a comprender que el verdadero valor del servicio es escuchar a una voz colectiva interconectada.
Hace no mucho tiempo asistí a una conferencia en Yale y vi un mar de computadoras portátiles abiertas en los asientos frente a mí. ¿Por qué yo no tenía abierta la mía? Porque yo sigo a las personas en Twitter, que me sirven de delegadas que recorren la Web por mí, cada una de las cuales me “tuitea” vínculos que puedo examinar y leer en una Blackberry. Esté donde esté, ahora navego menos en Web que antes.
Al principio, Twitter puede ser abrumador. Pero haga de cuenta que es un río de datos que corre frente a usted, y en el que sumerge una taza de vez en cuando.
Buena parte de lo que yo necesito está en esa taza. Si parece que Apple va a hacer una demostración de su nueva tableta, si Amazon vendió más Kindles que libros en esta temporada de Navidad, o si la votación final en el Senado sobre el seguro médico quedó atorada, yo casi siempre me entero de eso en Twitter.
Los límites expresivos de una narrativa surgida de los mensajes de texto, con menos espacio para divagar o explicar que esta frase, tiene significativas ventajas.
En Twitter, los mejores se comunican con economía y precisión y cada elemento de sus mensajes -vínculos, etiquetas y comentarios- está cargado de significado.
Profesionistas conocidos que me parecían insoportables en otras plataformas de pronto se vuelven interesantes dentro de los confines de Twitter. Twitter es increíblemente personalizable, y tiene muy pocas de las expectativas sociales que acompañan a Facebook.
Según a quién sigamos, Twitter puede revelar una nación absorta en el último episodio de “Jersey Shore” o ser un cónclave breve de brillantez.