HaitÃ
Los gemidos de un bebé malherido traspasan los escombros mientras un grupo de hombres saca tierra en silencio para llegar hasta él entre las ruinas.
De repente, la tierra tiembla de nuevo en la capital de Haità y todos huyen despavoridos.
Todos menos Jeanwell Antoine que, hundido entre las piedras, ya puede tocar uno de los bracitos del niño y continúa con calma su rescate. "No soy yo quien retira esta tierra. Es la mano de Dios, que ama la vida y me guÃa porque quiere salvar a este bebé", afirma.
Escenas similares se repiten en el centro de Puerto PrÃncipe, totalmente devastado el martes por un fuerte sismo que dejó miles de muertos.
Los restos de los cadáveres se ven entre las ruinas de las casas: una pareja sorprendida durante su sueño, niñas cubiertas de polvo, mujeres prácticamente desvestidas cuyos ojos siguen abiertos con espanto y numerosos cuerpos carbonizados en el interior de los vehÃculos.
Entre el dolor
Los cuerpos que han podido ser rescatados se alinean cubiertos con sábanas en una macabra procesión que hace estallar en llanto a numerosos ciudadanos.
"¡Ayúdenme! Mi esposo sigue atrapado aquà dentro. Por favor ayúdenme, sé que está vivo", solloza una mujer.
En la céntrica calle de Saint Honoré, un hombre cubierto de polvo aguarda en pie desde hace 24 horas rodeado de amigos y vecinos. Pese a los esfuerzos de todos, su pierna permanece atrapada por un carro desde el martes y está casi desvanecido por una probable hemorragia interna.
"Morirá antes de que lo saquemos", afirma en voz baja Wilson, estudiante de sociologÃa. Los supervivientes vagan desorientados por las calles e intentan rescatar con sus propias manos a los heridos.
No hay excavadoras, ambulancias o bomberos circulando. El Estado de este paupérrimo paÃs caribeño está también en ruinas como lo atestigua el Palacio Nacional, derrumbado por la fuerza del temblor.
Al desaparecer el sol, miles de personas se disponen de nuevo a pasar la noche en la calle.
A pocos metros, un grupo de mujeres canta y aplaude. Es una música alegre que choca con lo que las rodea y les recuerda que deben estar felices por seguir con vida.
Sin embargo, las numerosas réplicas del terremoto interrumpen sus cánticos y vuelven a llenar a los haitianos de miedo. "¿Usted cree que la tierra puede volver a temblar igual?", preguntan todos.
"Nadie lo sabe, solo Dios", se responden entre ellos para tranquilizarse.