Chile
Unos hombres, con ayuda de palancas, abren las puertas metálicas de un supermercado, luego cientos de personas entran.
Unos con alimentos, otros con televisores, la gente sale con lo que puede, en una situación que se está "saliendo de control".
El saqueo de los supermercados era una cuestión de supervivencia en Concepción, la ciudad que fue el epicentro del terremoto de 8.8 grados y que ayer amaneció bajo la lluvia y con la luz y las comunicaciones cortadas.
"Esto es para mis hijos, es la única forma que tengo de alimentarlos", decÃa un hombre con los ojos llorosos explicando su empeño en violentar una puerta metálica para ingresar al supermercado.
"Tenemos que comer", señaló una mujer que pedÃa leche. "Quienes tienen hijos me entienden", decÃa, quejándose de que un supermercado estaba saturado de gases lacrimógenos: pocos minutos antes, la policÃa intentó reprimir los pillajes con tanques lanza agua y con gases.
Los saqueadores, después de atacar un supermercado de cuatro pisos, atacaron dos farmacias robando todo lo que hallaron a su paso. Uno de los policÃas antimotines que rechazó identificarse dijo a la AP que "no podemos hacer mucho, estamos sobrepasados".
Rescates en medio del caos
En otra parte de esa ciudad, equipos de rescate realizaban tareas de búsqueda de sobrevivientes en edificios desplomados, mientras otros vandalizaban tiendas y la policÃa se esforzaba en contenerlos.
Los socorristas salvaron en total a 26 personas vivas pero debÃan interrumpir los trabajos cada vez que las nubes de gas lacrimógeno llegaban hasta ellos.
Algunos salieron por sus propios medios, como Alberto Rozas, quien vivÃa en el 13er piso y dormÃa junto a su hija Fernanda, de 7 años, cuando empezó el terremoto. "El terremoto y la caÃda fue todo una sola cosa y horrible".
"Yo la abrazaba y ella nunca me dejó. HabÃa polvo, ruido, todo cayendo. Nos metimos en el marco del baño... después viene la caÃda y finalmente terminó", relató Rozas a la AP. Aturdido y desorientado en medio de los escombros, Rozas no supo por un momento hacia donde buscar una salida hasta que "la luz de la luna llena" lo guió.
La alcaldesa Jacqueline van Rysselberghe dijo que "hasta ahora no se ha recibido ninguna ayuda" alimenticia para los damnificados, lo cual ha desatado la caótica reacción en Concepción, a 115 kilómetros del epicentro del sismo y 500 al sur de Santiago.
La presidenta Michelle Bachelet designó al general Guillermo RamÃrez como responsable del orden público en esa provincia y dijo que convino con los dueños de cadenas de supermercados la entrega gratuita y ordenada de los abarrotes de primera necesidad almacenados en sus tiendas.
En Concepción también se vio gente utilizando mangueras para sacar gasolina de los tanques subterráneos de estaciones de servicio.
Las turbas deambulaban por el centro y atacaban en bandadas. La policÃa permitÃa a algunos entrar a ciertos negocios con la condición de que tomaran sólo comida y tratando de mantener la situación en orden, se constató.
En San Pedro, ciudad separada por un rÃo de Concepción, temprano se abalanzaron sobre un centro comercial.
Una tienda de vÃdeos fue incendiada, dos cajeros automáticos fueron destrozados, un banco robado y un supermercado saqueado, en cuyo piso quedaron ciruelas aplastadas, comida de perro regada y botellas rotas de licor.
También en la capital se registraron anomalÃas cuando los supermercados reabrieron, tras reparar daños y rellenar los estantes con productos.
La población se volcó a realizar compras nerviosas, ante la incertidumbre y la posibilidad de desabastecimiento. Para agregar a una tensión casi insoportable, las réplicas proseguÃan, algunas de ellas muy fuertes. Desde el sábado ha habido unas 115 réplicas.