Rusia
Algunos se quejaban de que no podÃan encontrar una sola uva o mandarina en los mercados. Otros sufrÃan por la falta de contacto con sus amigos de occidente, lo que estaba fuera de su alcance para siempre (el KGB se encargaba de eso). Uno recordaba su desazón al regresar a la Unión Soviética en los años sesenta y visitar una fábrica en Moscú. "Que desastre más terrible." Apenas unos años más tarde cayó muerto, como si le hubiera sido imposible readaptarse a la vida soviética.
Al igual que todos aquellos antes que ellos, los espÃas dormidos que fueron deportados a Rusia, en uno de los intercambios de espÃas más grandes que haya ocurrido en muchos años, probablemente echarán de menos su vida en Estados Unidos, con todo y casita en los suburbios. Pero lo que quizá distinga más este caso de los anteriores ocurridos durante la Guerra FrÃa es lo que les espera a estos rusos en su madre patria.
Rusia ha adquirido un profundo deseo por las comodidades suburbanitas de Estados Unidos, de una manera más profunda de lo que está dispuesta a admitir.
Cualquiera que regrese aquà después de una larga estancia en el extranjero se sorprenderÃa al descubrir que, al menos en las grandes ciudades y sus alrededores, por lo general se puede encontrar casi cualquier artÃculo que se vende en el área metropolitana de Nueva York. No es solo que hayan desaparecido muchas de las dificultades de la vida soviética. Es lo que ha tomado su lugar: un consumismo desbocado de clase media que se parece mucho al de Estados Unidos.
Esta es la nueva Rusia que habrá de conquistar a esos ex espÃas. Si Richard y Cynthia Murphy (ahora expuestos como Vladimir y Lydia Guryev) sienten nostalgia de Montclair, Nueva Jersey, podrÃan hojear los folletos de los condominios horizontales de la región de Moscú. PodrÃa gustarles Linden Park, Greenfield o cualquier otro con un nombre tomado directamente del mapa estadounidense, por no hablar de los detalles arquitectónicos que confortarÃan el corazón de cualquier trabajador estadounidense.
¿Se acuerdan de las hortensias de los Murphy, que se volvieron un sÃmbolo del caso de los espÃas cuando un incrédulo vecino declaró que ellos las cultivaban como cualquier otro habitante de los suburbios? Las hortensias no se dan tan mal en Moscú tampoco.
Los recién llegados probablemente la tendrán mucho más fácil. Si Donald Howard Heathfield (ahora conocido como Andrey Bezrukov) quiere estar en contacto con sus amigos de la región de Boston, puede organizar una videoconferencia en cualquier café Internet de Moscú. El FSB, sucesor del KGB, quizá trate de desalentarlo, pero no podrÃa impedirlo, a menos que lo arrestara. En Rusia, Internet en general no está censurada.
Anna Chapman, la mujer de 28 años cuyos atractivos fÃsicos la pusieron en el centro de la atención de los medios, tendrá muchas oportunidades de seguir estando bajo los reflectores. Los tabloides rusos y los sitios Web han mostrado tanto interés en ella como sus colegas de Nueva York y Londres.