Estados Unidos
Como secretario de prensa de la Casa Blanca, Robert Gibbs pronuncia miles de palabras en público cada semana para promover y defender al presidente Barack Obama.
Pero fueron solo las 19 palabras que pronunció en un programa de entrevistas el domingo de la semana pasada lo que ocupó los dÃas que siguieron y que, hacia el fin de semana, los republicanos ya estaban llamando alegremente el "Gibbs-gate".
¿Qué fue tan escandaloso que pudo desatar un aluvión de declaraciones por correo electrónico, prender fuego a la blogosfera, consumir incontables horas en radio y televisión y causarles agruras a los demócratas en Washington? En Meet the Press, programa de NBC, a Gibbs se le preguntó si los demócratas podrÃan perder la cámara de representantes en las elecciones intermedias de noviembre de este año. "No hay duda de que hay suficientes escaños en juego para permitirles a los republicanos ganar el control", fue la respuesta de Gibbs.
Eso bastó para que la maquinaria del escándalo se pusiera a trabajar a todo vapor. La Casa Blanca habÃa admitido que podrÃa perder la cámara baja.
No importaba que hubiera sido una simple declaración de hechos y que Gibbs no hubiera dicho que quisiera que ganara el otro bando ni que pensara que iba a ganar. Nadie ha encontrado a un profesional de la polÃtica que no esté de acuerdo con la posibilidad de que la cámara de representante puede inclinarse hacia los demócratas o hacia las republicanos. Pero el simple hecho de que Gibbs lo haya dicho lanzó miles de naves de especulaciones, análisis, ataques y contraataques.
Distanciar
"Están tratando de distanciar a Obama de esas declaraciones", aseguró Dick Morris en Fox News.
"Probablemente (Gibbs) estaba tratando de agitar a la tropa", aseguró por su parte el representante Elijah Cummings, demócrata por Maryland, en MSNBC.
"Creo que es un juego de la Casa Blanca para tratar de aumentar las expectativas", quiso explicar Ken Rudin en NPR.
Esto es lo que constituye el discurso polÃtico en Washington estos dÃas. Alguien en una posición de autoridad, o al menos de celebridad, dice algo modestamente interesante y alguien del otro lado -o, en ocasiones, del mismo lado- lo infla hasta que adquiere una proporción que lo hace parecer un verdadero contratiempo. Es la polÃtica jugada con los deslices de la lengua.
Y esto ocurre en una época en la que los problemas a los que se enfrenta Washington difÃcilmente podrÃan estar más cargados de consecuencias. Empero, explicar la nueva ley de regulación financiera, que fue aprobada la semana pasada, o el nuevo programa de asistencia médica que se está implementando poco a poco, es mucho más complicado que el alimento para los medios que constituye una buena reyerta partidista.
Después se le preguntó a Gibbs acerca de esas declaraciones en su rueda de prensa, el funcionario parecÃa comprensiblemente harto del tema para el jueves, cuando los reporteros lo sacaron a colación a bordo del avión presidencial.
"Amigos, hemos dedicado mucho tiempo a este asunto esta semana", afirmó.
Pero Gibbs difÃcilmente es inocente en lo que se refiere a la forma en que en Washington se toman las citas para vapulear a alguien o para establecer un argumento polÃtico, incluso a costa de distorsionar o de exagerar lo que realmente se quiso decir.
Después de todo, él mismo ha pasado buena parte de las últimas semanas repitiendo una cita del representante John A. Boehner de Ohio, lÃder de los republicanos en la cámara baja, quien dijo que el plan de regulación financiera presentado por el presidente Obama era como "matar a una hormiga con un arma nuclear".