Estados Unidos
Mientras en las autopistas de salida de Nueva Orleans se apiñan los automóviles con las personas que escapan de la amenaza del huracán Gustav, Jack Bosma afirma los postigos de su ventana, come mariscos y mantiene la calma.
"Estoy cerrando mis postigos, pero luego voy a beber una copa", indicó Bosma, explicando que él y un grupo de vecinos se quedarán en el barrio mientras dure la tormenta, pese a la orden de evacuación del alcalde.
Abrió su pequeño bar con terraza y se dispuso a comer un estofado de mariscos o "gumbo", como le llaman en la Costa del Golfo, junto a vecinos del Garden District. Mientras tanto, unos dos millones de personas huÃan de la zona en auto, en tren o en autobuses puestos a disposición por la municipalidad.
Cuando las primeras lluvias y ráfagas de viento de la tormenta sacudÃan la ciudad al anochecer del domingo, una docena de personas se reunió en el bar Johnny White, una taberna de la calle Bourbon que rechazó cerrar incluso cuando el mortÃfero huracán Katrina devastó la ciudad en 2005.
La camarera Stephanie Blake estima que sirvió a unas 2.000 personas el domingo.
"Todo el mundo estaba de buen humor", dijo Blake a la AFP. "Ha sido como Mardi Gras", la celebración anual que atrae tradicionalmente a miles de personas a Nueva Orleans.
Entre los pocos locales comerciales abiertos en la calle Bourbon estaba el Larry Flint's Hustler Club, donde bailaba una desnudista.
"Me estoy preparando para la tormenta pero mientras tanto quiero que la gente tenga un poco de diversión y hacerles saber que no es el fin del mundo como todos dicen que es", indicó el administrador del club, John Olmstead, a la AFP.
Tras dÃas llamando a los residentes de Nueva Orleans a escapar de "la madre de todas las tormentas", las autoridades elogiaron a quienes escucharon la advertencia y cuestionaron a quienes resolvieron quedarse.
"Parece que hay personas que no están escuchando o que escuchan y deciden quedarse", indicó el domingo el vicegobernador de Luisiana Mitch Landrieu. "Quedarse en sus casas es una muy mala idea".
El alcalde Ray Nagin estimó que unas 10.000 personas habrÃan decidido desafiar el huracán. "La mayorÃa son personas con buena posición económica. Tienen generadores, tienen seguridad, tienen armas. Que Dios los bendiga".
Las armerÃas observaron un aumento de los clientes el fin de semana, lo que revela que quienes se quedaron se armaron, ante el muy mal recuerdo de la anarquÃa que reinó durante varios dÃas tras el paso de Katrina, en 2005.
Los latinos preocupaban al voluntario Lucas Diaz. "Los latinos temen que si son enviados a refugios serán entregados a funcionarios de inmigración", indicó Diaz, que trabaja con la comunidad latina en Nueva Orleans.
Diaz indicó que tenÃa la promesa escrita de parte de funcionarios federales de que la situación migratoria de los evacuados no serÃa analizada. Pero podrÃa ser demasiado tarde para que el mensaje llegue a los latinos, muchos de los cuales llegaron a Nueva Orleans para trabajar en las tareas de reconstrucción tras el paso de Katrina.
"No tenÃamos suficiente gente para ir a los barrios donde viven los latinos", dijo Diaz. "Informamos en dos estaciones de radio en español, que es lo mejor que podemos hacer".