Estados Unidos
Dolor, pánico, inundaciones y destrucción son los ingredientes perfectos para formar una calamidad.
Esto es lo que vive el Estado de Texas tras el devastador paso del temible huracán Ike.
Esta zona, que sufrió en 1900 el peor desastre natural vivido en EE UU, volvió a revivir esa sensación de pánico con las fuertes trombas de agua que anunciaban la llegada de Ike.
Cuando el ojo del huracán aún no había pisado tierra, las olas ya sobrepasaban el único muro que protege a Galveston del mar.
El ciclón no tardó en arrasar este paraíso para surfistas y pescadores, dejándolos como La Atlantis.
Los escombros volaban por el aire y los edificios se desgarraban cada segundo.
Los daños materiales se estiman cuantiosos, pero el mayor temor es saber qué ha pasado con los 23,000 residentes que decidieron desoír las alertas de las autoridades de peligro de muerte y dejaron sus vidas en manos del azar.
Decesos
Los primeros informes revelan que el ciclón se ha cobrado por el momento la vida de dos personas: un niño golpeado por una rama al norte de Houston y un bañista ahogado en el mar frente a Corpus Christi.
Houston recibió el mayor impacto de la tormenta, la más dañina que se conoce, según las autoridades.
Y es que Ike da coletazos desde hace dos semanas, causando medio millar de muertes tan solo en Haití. Una preocupación, sin duda, que se suma a la incertidumbre que viven los 1.2 millones de evacuados y los otros habitantes que decidieron no escapar de Ike.