México
La muerte no lo tomó por sorpresa, su gordura lo mataba día a día, hasta que su corazón no pudo latir más.
Un mexicano de 1,000 libras, que suplicó públicamente ayuda para su problema de peso, murió ayer.
Los encargados de emergencias tuvieron que derribar una pared del cuarto de José Luis Garza y cargarlo en una camioneta tipo pickup de uno de sus amigos en sus últimos momentos de vida.
A pesar del esfuerzo, fue declarado muerto por insuficiencia cardíaca cuando llegó al hospital.
Garza, de 47 años, siguió los pasos del hombre más obeso del mundo, su compatriota Manuel Uribe, cuando declaró su problema de peso públicamente y acudió a la televisión para pedir ayuda.
Uribe vive en las afueras de la ciudad de Monterrey y Garza vivía en el pueblo de Juárez, a una hora de distancia.
Garza dijo que siempre había tenido problemas con su peso, pero que cayó en una profunda depresión y comenzó a comer en exceso hace nueve meses, después de que sus padres murieran por causas naturales apenas con dos semanas de diferencia.
Garza había estado postrado en cama los últimos cuatro meses.
Su estado se deterioró el fin de semana, con dificultad para respirar y para comer.
En su funeral, los integrantes de su familia criticaron a las autoridades estatales por no transportarlo a un hospital antes de que entrara en estado crítico.
“Si se hubiera dado el apoyo en el momento que se pidió, él todavía estaría con nosotros”, dijo su hermano, Pedro Garza.