Estados Unidos
El martes, los preocupados y esperanzados votantes del país finalmente serán escuchados y ninguna de las encuestas rigurosamente calibradas ni de los analistas más incisivos demográficamente que hay por ahí nos pueden decir con certeza qué sucederá.
¿Habrá un candidato que gane por millones de votos o que pierda por miles? Si hay un vencedor definido, ¿será el primer estadounidense negro que se haya elegido como presidente o el estadounidense más viejo que haya ganado un primer mandato?
No necesitamos saber las respuestas para estar seguros de lo siguiente: sea cual fuera el resultado, será la culminación de una de las elecciones presidenciales más extraordinarias en los 232 años de historia de este país, y decir “el primero” y “el más viejo” en realidad no transmite todo lo que la hace tan notable.
Ya sea que se le juzgue por los pasos históricos dados, los paradigmas puestos a prueba, las pasiones agitadas o simplemente por las cifras - el 85% de estadounidenses piensan que el país va por mal camino, la cantidad de 640 millones de dólares recabados para la campaña de Obama hasta mediados de octubre, que rompe demoledoramente todos los precedentes - la elección de 2008 de hecho, justifica los adjetivos y las frases que suelen ser muletillas periodísticas: épica, capital, histórica, algo que se vive sólo una vez en la vida.
Ha estado tan llena de precedentes e incidentes -y ha sido tan, pero tan larga-, que en ocasiones por lo menos la subvaluamos o perdimos de vista su importancia. En estas horas finales hay algo de lógica en hacer una pausa, dar un paso atrás y tomar la medida amplia de una competencia que con toda seguridad afectará no sólo la vida cívica de este país, sino también su ambiente emocional y psicológico por algún tiempo.
Gran parte de su impacto, sí, se reduce a la raza y el sexo, Barack Obama, Hillary Clinton y Sarah Palin, que podría convertirse en la primera vice presidenta de este país.
En esta elección librada tan ferozmente, se pusieron a prueba y se derribaron barreras inveteradas, a veces para sorpresa de la misma persona que las derribaba.
Recapitulemos. Cuando Obama se subió al escenario en Iowa, después de su victoria en el caucus estatal de enero, todavía no era el favorito para la nominación democrática y le quedaba un largo trecho por recorrer para convertirse en el delantero en las elecciones generales.
“Dijeron que nunca llegaría este día”, declaró ante una multitud eufórica en Iowa, no sólo con los ojos centelleantes sino con toda su persona radiante. “Dijeron que nuestras aspiraciones estaban puestas muy alto.”
Aunque él hablaba específicamente de sí mismo y de sus huestes de campaña, es imposible no oír en sus palabras una declaración sobre todas las minorías de Estados Unidos, para las cuales el avance de su candidatura, semana tras semana, mes tras mes, implicaba un mensaje especialmente potente.
El escritor Ta-Nehisi Coates dijo que conforme agarraba fuerza la búsqueda de la presidencia de Obama, “supe, por primera vez en mi vida, que éste iba a ser un buen año para ser negro”.
“Considere este hecho: el negro más famoso de Estados Unidos no está dribleando una pelota ni aferrándose a un micrófono”, continúa
Coates en un ensayo reciente para The New York Times Magazine. “No tiene antecedentes criminales y no ha basado su carrera en palabras obscenas.”
“Palabras como esperanza, y cambio podrían parecer ingenuas en una época tan obscura”, agrega Coates. “Pero fíjense cómo suenan estas palabras en aquellos cuyos antepasados marcharon entre macanas y perros, cuyos antepasados huyeron al norte en medio de la obscuridad, orientándose por el musgo en la corteza de los árboles.”
En el curso de una campaña que fue parte sesión de terapia y parte seminario para despertar las conciencias, unos cuantos de los jugadores principales asumieron un significado mucho más grande que ellos mismos. Así, Obama y Clinton se convirtieron en el receptáculo de las aspiraciones y frustraciones de clases enteras de estadounidenses agraviados. Sus jornadas alentaron la ventilación de heridas y la discusión de temas espinosos.