Estados Unidos
¿Fue el sexismo más potente que el racismo? Ese es el tipo de pregunta imposible que se planteaba en programas de televisión y en la prensa, en los restaurantes y en las mesas de cocina, girando en torno de Clinton en invierno y primavera, en torno de Palin en verano y otoño.
Para muchos de los seguidores de Clinton, ella es la representante de todas las mujeres, a la que se le convoca para que demuestre su fuerza sin perder su suavidad, y a la que al final se le pide que ceda una vez más ante un hombre impaciente y ambicioso. ¿El martes, estos simpatizantes estarán obsesionados de nuevo por lo que pudo haber sido? ¿Y los obsesionaría más una victoria o una derrota de Obama?
¿Cómo reaccionarán algunos jóvenes votantes si prevalece McCain? ¿O los ancianos si gana Obama? En las últimas semanas, la ira y los insultos de algunos simpatizantes de la fórmula McCain-Palin han hecho pensar en una división en esta elección que va mucho más allá de la política fiscal y la estrategia en Irak.
Entre Obama y McCain, de 47 y 72 años respectivamente, hay más diferencias generacionales, culturales y estilísticas que en todas las contiendas presidenciales del último medio siglo.
Bill Clinton tenía 46 años cuando asumió la presidencia y su victoria marcó el ascenso de la generación de la posguerra. Pero la elección de Obama sería emblemática de algo más profundo: que la sociedad multicultural y post-racial de la que tanto se habla en los medios, pero que rara vez se afirma en la vida pública, ahora es literalmente el rostro de nuestra nación. Bill Clinton era Fleetwood Mac. Barack Obama es India Arie.
En muchas contiendas presidenciales pasadas, los candidatos carecían de una narrativa tan persuasiva como la de Obama, hijo de un hombre de Kenia y de una mujer de Kansas, y la de McCain, que soportó años de tortura y encarcelamiento en Vietnam.
Pero ellos dos no fueron los únicos personajes vívidos en una campaña que, tan solo como narrativa, resultó sensacional.
¿Quién iba a creer, al inicio, que Mike Huckabee iba a sobrevivir a Rudolph Giuliani? ¿Que los votos que hiciera John Edwards de apoyo a su esposa gravemente enferma se iban a convertir en una disculpa pública por su infidelidad?
¿Que Obama iba a elegir a un compañero de fórmula que una vez se refirió a él, al hablar de los aspirantes viables a la Casa Blanca, como el “primer afromaericano convencional que es lúcido, brillante y limpio”?
¿Que McCain iba a elegir a una compañera de fórmula capaz de destripar a un venado en el monte y que iba a subir al foro de la convención republicana con una hija adolescente, embarazada y soltera a rastras?