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Desplazados, no abandonados

Embajador de EE UU ante organismos de la ONU, Gaddy Vásquez, inspeccionó los programas de ayuda que ejecuta el PMA, FAO y FIDA. Hay registros de 2.6 millones de colombianos que han sido desarraigados de sus tierras por parte de grupos armados
09.11.08 - Actualizado: 09.11.08 10:54pm - Fernando Berríos : fernando.berrios@elheraldo.hn

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Guajira,

Colombia

Noris Landero comparte la tragedia que agobia día a día a más de 900 millones de personas en el mundo: el hambre.

Apenas puede caminar por su embarazo de ocho meses, sin embargo, la promesa de recibir alimentos por trabajo, la obligan a salir de casa, bajo el inclemente sol, y dirigirse al centro comunal que ha sido dispuesto como centro de almacenaje en el predio Caricari, una pequeña comunidad de la zona rural de Riohacha, en la Guajira, donde residen 46 familias.

Todas comparten una tragedia adicional: el desplazamiento de sus terruños por parte de grupos armados que se apoderan de sus tierras, bienes y animales.

Estimaciones de Acción Social en Colombia, revelan que hay al menos 2.6 millones de personas que han sido “desplazadas” por la violencia o por la guerra.

Sin embargo, se cree que hay un subregistro de 40 por ciento, por lo que la cifra real puede superar los cuatro millones de personas.
En esferas gubernamentales el término preferido es el de migrantes.

Pero sean migrantes o desplazados, lo cierto es que millares de personas han tenido que abandonar sus lugares de origen y refugiarse en tierras desconocidas e improductivas.

La falta de un techo, de tierra para producir, de un trabajo estable y de acceso a servicios de salud y educación, son solo parte de los desafíos que tienen que vencer en esta cruzada por la vida y la sobrevivencia.

Manos solidarias

Noris, de piel curtida por el sol y rostro sudoroso por las elevadas temperaturas, con una mano detiene la bolsa de alimentos y con otra, acaricia el fruto que se forma en su vientre.

Ella recibió de manos de Gaddy Vásquez, embajador de Estados Unidos ante los organismos de la ONU, con sede en Roma, una bolsa de víveres, como parte de un programa que impulsa el Programa Mundial de Alimentos (PMA) durante 120 días.

Cada una de las tres entregas proporciona alimentos suficientes para 40 días.

Noris tiene en sus bolsas de mezcal y tela 50 kilos de arroz, 10 kilos de lentejas, cinco litros de aceite, dos kilos y medio de azúcar, cinco kilos de harina de trigo y una libra de sol.

“Yo vivía en Fundación (comunidad del municipio de Magdalena), tuve que huir hace cuatro años porque a la finca llegaban grupos armados”, relata Noris, quien es madre de siete hijos en edades de sustento.

“Ahora recibo con alegría esta ayuda y le agradezco al gobierno”, continúa.

En esta comunidad, cada una de las 46 familias desplazadas recibieron 15 gallinas como parte de un plan semilla.

Edilsa Pérez, líder comunal que vivía en el barrio Nelson Mandela, de Cartagena, recuerda que cuando llegó a Caricari, en el 2004, lo que vio fue un predio semejante a un desierto.

Sin embargo, la historia ha cambiado en la actualidad.

Hoy en día, hay corrales de aves, cultivos establecidos, está en marcha un plan de construcción de viviendas y en los próximos días recibirán 116 cabezas de ganado por parte del ministerio de Ganadería, constituyéndose así en un capital semilla para la comunidad.

Tanto los programas de alimentos, como de educación, vivienda, capacitación de niños y jóvenes, son coordinados por entidades como la Alcaldía de Riohacha, la Gobernación de Guajira, la fundación Chirigua, Acción Social, CHF, Pastoral Social, el Servicio Nacional de Aprendizaje (Sena) y Bienestar Familiar.

Además, estos desplazados por la violencia reciben el apoyo de los organismos de Naciones Unidas.

El PMA impulsa programas de alimento por trabajo, FIDA desarrolla proyectos de tecnificación para la producción y la FAO ejecuta importantes programas para enseñar a las víctimas de este flagelo a producir, aún en condiciones adversas. Para el caso, en el barrio Olaya Herrera, en Cartagena, miles de personas se las han ingeniado para robar espacio al mar mediante la construcción de un relleno sobre el cual viven.

La tierra es improductiva por la cantidad de sal, sin embargo, con la ayuda de la FAO, se ha logrado desarrollar importantes proyectos de apoyo a desplazados internos urbanos.

Aquí, las familias han aprendido a construir viveros para la siembra de hortalizas, mediante la utilización de métodos alternativos, en virtud que no pueden sembrar directamente sobre la tierra.

Por eso, los cultivos están sobre tarimas, con tierra mejorada traída de otros sectores del país.

Estos cultivos, proporcionan lo suficiente para el sostenimiento del hogar y en algunos casos, ajusta hasta para vender a sus vecinos.

En otras comunidades como San Basilio de Palenque, las poblaciones negras son apoyados por organismos de la ONU como FIDA para mejorar la producción de los dulces tradicionales y servicios etnoturísticos.

Con todos estos proyectos, el panorama sombrío que cernía sobre millares de desplazados ha comenzado a disiparse y hoy se dibuja un futuro promisorio.

Cabe destacar que la ONU, mediante sus organismos, apoya de forma temporal y no permanente a estas personas, ya que el objetivo es sembrar los conocimientos y otorgar las herramientas para que cada víctima de la violencia y por ende del hambre, pueda aprender a producir y a subsistir.

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