Palestina (ANP)
La ofensiva terrestre de Israel en la Franja de Gaza ha puesto a los soldados israelíes, a los milicianos de Gaza y a los civiles mucho más cerca uno de otros, lo que hace presumir una brusca escalada de las muertes en la zona.
Los 10 miembros de la familia de Lubna Karam, sin poder dormir debido a las explosiones causadas por los bombardeos aéreos y por el fuego de la artillería pesada israelí, pasaron la noche apiñados en el corredor de su hogar de Ciudad Gaza.
Ataques previos han destruido las ventanas de su sala, dejando que el aire helado del invierno se cuele adentro. La familia Karam no tiene electricidad desde hace alguna semana y se ha terminado el gas en sus bombonas. La familia, que incluye tres niños pequeños menores de cuatro años, han estado comiendo habichuelas frías, sacadas directamente de las latas.
"Es comida de guerra", dijo Karam, de 28 años. "¿Qué más podemos hacer?".
Karam dijo que ella se ha sentido amenazada en todo momento y que su familia no logra dormir. "Continuamos escuchando los sonidos de los aviones y no sabemos si podremos vivir hasta mañana", dijo la mujer.
A medida que avanza la ofensiva terrestre de Israel contra Hamas, los civiles de Gaza son los más expuestos.
Alex Fishman, corresponsal del periódico israelí Yediot Ahronot señaló que "el principio rector del ejército es usar una fuerza abrumadora y hacer todo lo posible para proteger a sus soldados, inclusive si eso deriva en bajas de civiles".
Se estima que dos decenas de civiles murieron horas después que Israel inició su invasión a Gaza el sábado por la noche.
Israel dijo que su acción intenta socavar la capacidad de Hamas para lanzar cohetes contra sus poblaciones fronterizas. Hasta ahora, han muerto más de 500 palestinos y cuatro israelíes. Funcionarios de las Naciones Unidas y palestinos dijeron que al menos 100 de los muertos son civiles.
"Pagaremos más tarde el precio internacional por el daño colateral y por las anticipadas bajas de civiles", agregó el periodista Fishman.
Anas Mansour, de 21 años, residente del campo de refugiados de Rafa, en la frontera entre Gaza y Egipto, dijo que él y su familia intentarían abandonar el área durante el domingo. Mansour dijo que dormía con la ropa puesta y con sus tarjetas de identificación en uno de los bolsillos, en caso de que deba huir a toda velocidad.
Mansour dijo que había visto a un vecino poner en un carro arrastrado por una mula varios colchones y mantas, aprestándose a abandonar el campo de refugiados, pero él no ha decidido si hará lo mismo. "¿Donde puedo ir?" preguntó. "Todo es lo mismo".
Sufrir penurias no es nada nuevo en Gaza, pero el bloqueo impuesto por Israel al territorio ha agravado la situación en los dos últimos meses y hay una gran escasez de suministros esenciales y de gas para cocinar.
Para añadir nuevas penurias, el bombardeo israelí iniciado la semana anterior ha dañado la infraestructura sanitaria y eléctrica. La mayoría de los residentes carecen ahora de electricidad y de agua potable. Muchos negocios han cerrado sus puertas.
"Cuando había un sitio, hablábamos de catástrofe", dijo Hatem Shurrab, de 24 años, que vive en ciudad Gaza. "Pero luego comenzaron los bombardeos aéreos y ahora ni sabemos qué palabra usar. No hay palabra alguna en el diccionario que pueda describir la situación en que nos hallamos".