Estados Unidos
Habiendo perdido el voto popular ante Al Gore, George W. Bush entró en la Casa Blanca con un capital político mucho menor que el de Kennedy. Empero, a lo largo del verano, le arrancó al congreso la propuesta de reducción de impuestos que se convirtió en la política económica distintiva de sus ocho años de presidencia. Cuatro meses después, los atentados del 11 de septiembre le dieron la postura necesaria para llevar a toda una nación a la guerra contra Irak.
Para 2008, las dificultades de esa empresa fueron uno de los factores que acabaron con su influencia ante el pueblo, el congreso y los dos partidos políticos.
Al asumir el cargo en 1993, Bill Clinton ocupó un terreno intermedio en términos de influencia presidencial. El desplazó al titular, George H. W. Bush en las elecciones de 1992, pero compartió el “voto del cambio” con Ross Perot. La alharaca al principio de su mandato por los gais en las fuerzas armadas le restó parte de su energía política, como también la caída de sus dos primeros candidatos al cargo de procurador general.
Pero posteriormente, ese mismo año, Clinton logró una aprobación por estrecho margen para su plan económico, aunque su iniciativa de seguro médico universal se vino abajo. Así, los electores descontentos le dieron a los republicanos el control de la cámara y del senado en las intermedias de 1994. Una lección para nuevos presidentes, en palabras de Howard Paster, cabildero en la Casa Blanca de Clinton, es la siguiente: “El congreso traga mejor pedazos pequeños.”