Nicaragua
Los nicaragüenses, muy aficionados a las telenovelas, han seguido con interés un culebrón que nada tiene que ver con las producciones brasileñas, colombianas o mexicanas, tan aclamadas en este país.
La historia se produce en la Asamblea Nacional de Nicaragua, y tiene como protagonista a una joven diputada del gobernante Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), acusada de ofrecer favores sexuales a un diputado opositor a cambio de que este apoye leyes que favorecen al Gobierno, incluida una controvertida reforma constitucional que permitiría la reelección indefinida del presidente, Daniel Ortega.
En torno a esta trama se desarrollan historias de extorsión y compra de favores que involucran sumas de miles de dólares.
Compra de voluntades
Todo comenzó con la denuncia pública que hizo el jefe de la bancada del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), Ramón González, quien afirmó la semana pasada que el Frente Sandinista compra voluntades en el Parlamento nicaragüense a partir de “combos” que incluyen desde becas universitarias en el exterior, cargos diplomáticos y grandes sumas de dinero, hasta “propuestas indecorosas y muchachas”.
González dijo que el FSLN le ofreció “una joven” al diputado liberal Porfirio Castro, aunque no reveló el nombre de esa muchacha.
La denuncia capturó de inmediato la atención de la prensa, que cuestionó al diputado Castro sobre la supuesta propuesta.
Castro mencionó el nombre de la diputada sandinista Xóchitl Ocampo, una ex presentadora de telediarios que a sus 25 años es la legisladora más joven del Parlamento.
Castro dijo que el FLSN, a través de Ocampo, le “insinuaba algo”. “Me decían: ‘diputado, usted nos podría acompañar en algo’.
Xóchitl puede ser una forma para llegar a hacer cualquier oferta. Lo más idóneo para ellos, para tratar de mantener un vínculo, es con una dama, y ellos la están utilizando, es una estrategia”, dijo Castro.
Y dicho esto, el escándalo llevó a la Asamblea a las primeras planas y a los noticieros de mayor audiencia de los medios nicaragüenses.
Ocampo, como era de esperar, negó todas las acusaciones y hasta amenazó con demandar a los periodistas que publicaron las declaraciones de Castro.
Pero la diputada cometió el error de afirmar públicamente que era Castro el que la “piropeaba” y minutos después apareció frente a las cámaras en el hemiciclo de la Asamblea, estrechándole la mano al diputado que la había denunciado, lo que despertó más sospechas entre la prensa.
El Frente Sandinista hace uso de estas supuestas extorsiones para lograr una mayoría simple (47 votos de los 92 que conforman la Asamblea) para poder aprobar las reformas constitucionales que perpetuarían en el poder al presidente Ortega.
En un giro inesperado de la trama, los diputados Castro y González negaron haber afirmado el uso de “combos” y favores sexuales por parte del Frente Sandinista y dijeron que eso había sido un invento de los periodistas que dan cobertura a la Asamblea.
Los reporteros reaccionaron furiosos y abandonaron una sesión especial organizada el jueves pasado con motivo del Día Nacional del Periodista.