Estados Unidos
En 1951, la revista Time se dispuso a pintar el retrato de la juventud del paÃs, la generación nacida en la gran depresión. La denominó la generación silenciosa, un grupo por lo general gris: cauta y resignada, sin interés por buscar nuevas direcciones o darle forma a los grandes temas del dÃa: tipos aparentemente eficientes cuya agonÃa interna serÃa analizada por Richard Yates en su novela "Revolutionary Road", de 1961.
"Se han encogido las ambiciones de la juventud", declaró la revista. "Pocos jóvenes de hoy quieren extraer diamantes en Sudáfrica, tener un rancho en Paraguay, trepar el monte Everest, encontrar la cura del cáncer, navegar por todo el mundo o forjar un imperio industrial. Algunos quisieran ser propietarios de un negocio pequeño e independiente, pero la mayorÃa quiere un buen empleo en una empresa grande y, junto con éste, algo asà como un idilio suburbano." Al joven soldado "le falta fuego", los estudiantes son "amanuenses dóciles". Y el don del escritor joven "muchas veces resulta ser el producto derivado de sus neurosis". (Y esto incluso antes de que Philip Roth, nacido en 1933, hubiera publicado alguna novela.)
"Lo mejor que puede decirse de la juventud estadounidense, con o sin uniforme, es que ha aprendido que debe tratar de sacar el máximo provecho de un empleo malo y difÃcil, ya sea que ese empleo sea la vida, la guerra o las dos cosas", concluÃa Time. "La generación que ha sido llamada la generación joven más vieja del mundo ha alcanzado cierta madurez."
Hoy en dÃa estamos en una recesión cuya profundidad y duración no conocemos; las cifras dadas a conocer el viernes sobre la pérdida de empleos son solo la indicación más reciente de que podrÃa ser prolongada y profunda, más que breve y somera.
Moldeados
¿Qué hay de los jóvenes moldeados por lo que ya están llamando la gran recesión? ¿Una publicación que los examine en 2030 los condenará con tan débiles encomios? ¿Se casarán más jóvenes, estarán satisfechos con empleos estables aunque poco emocionantes? ¿Sus hijos se burlarán de ellos por reutilizar las bolsas de té y contar los centavos como si cada sueldo recibido fuera el último? Por lo menos tendrán que vérselas con una tremenda inestabilidad, tal como sus antepasados durante la depresión.
"Los años treinta cuestionaron la idea misma del sueño americano, la idea de posibilidades económicas abiertas", señala Morris Dickstein, profesor de inglés del Centro de Posgrado de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, cuya historia cultural de la depresión fue publicada en septiembre pasado. "La versión que tenemos de eso hoy es la pérdida de confianza por parte tanto de padres como de hijos en que la generación siguiente inevitablemente será mejor."
La forma en que se afecten los jóvenes en 10, 20 ó 40 años dependerá de muchos factores; los hijos de la depresión fueron moldeados igualmente por la guerra que siguió. La generación de la recesión estará formada por aquellos que nazcan en ella, en el extremo más joven, y aquellos que salgan de la universidad y del bachillerato hacia un mercado laboral sin empleos, en el extremo más viejo. Si la historia sirve de indicación, lo que importará más en esto es el punto en que se encuentren en ese continuo.
"No hay una relación simple de causa y efecto en cómo la adversidad económica impulsa a una generación hacia un tipo de conducta", analiza Neil Howe, a quien junto con el también escritor William Strauss, se le atribuye haber llamado milenarios a los jóvenes veinteañeros actuales.
"El impacto depende del contexto y del ánimo de los tiempos y de cómo los chicos entienden el espÃritu del tiempo".