Estados Unidos
Altos funcionarios de los servicios secretos de Israel y de Washington hablaron la semana pasada acerca de la amenaza nuclear de Irán, haciendo ver claramente las diferencias entre esos dos firmes aliados.
“Irán ha cruzado el umbral tecnológico”, afirmó el jefe de los servicios secretos militares de Israel, Amos Yadlin, en una reunión del gabinete en Jerusalén el domingo pasado. Esas declaraciones se filtraron de inmediato a la prensa. Y agregó que ahora, “que llegue a la capacidad nuclear es cosa de que adapte su estrategia al objetivo de fabricar una bomba nuclear”.
Días después, en Washington, el almirante Dennis Blair, director de inteligencia nacional, se presentó ante un comité del congreso y coincidió en que “existe la posibilidad de un enfrentamiento o crisis iraní-israelí” por los reportes del progreso de Irán en materia nuclear. Pero advirtió que los israelíes “adoptan la peor de las posibilidades en estos asuntos”.
Los dos funcionarios hablaron en reacción a la confirmación que hiciera Naciones Unidas el mes pasado, en el sentido de que, tras 25 años de esfuerzos, Irán había recabado el material atómico necesario para producir una bomba.
Desde hacía años, Israel y Estados Unidos se habían preocupado por lo que harían llegado ese momento. Ahora que ha llegado, haber franqueado ese hito ha sacado a la luz las diferencias que existen entre los dos aliados respecto de la urgencia con la que tratar esta amenaza. Como implicó Blair, el reloj de la amenaza nuclear avanza mucho más rápido en Jerusalén que en Washington.
No se sabe a dónde llevará esta nueva dinámica. Pero los israelíes han aprovechado la situación para redoblar sus presiones para que Estados Unidos adopte una postura más firme ante Irán y recordarle al nuevo presidente que su paciencia tiene un límite. De hecho, los funcionarios israelíes han estado dando a entender que la diplomacia que el presidente Barack Obama quiere iniciar con Irán debe empezar pronto y terminar rápido. “Para fines de primavera o principios de verano”, precisó un alto funcionario de los servicios secretos israelíes el otro día, haciéndose eco del mensaje entregado en Israel a la secretaria de estado Hillary Clinton. De otro modo, sostienen, los iraníes alargarán incesantemente las negociaciones mientras avanzan en sus trabajos con la bomba.
El equipo de Obama, en cambio, está tomando su tiempo para elaborar su estrategia diplomática con Teherán, poniendo a Dennis Ross, diplomático veterano en el Medio Oriente, a la cabeza de un equipo que establecerá lo que Obama llamó el año pasado una estrategia de “recompensas más grandes y de mayores castigos”. Las negociaciones no empezarán hasta que no hayan pasado las elecciones de Irán, programadas para junio.
Plazos
Así que el punto de partida del compromiso serio podría llegar para Washington cuando Israel hubiera pasado el plazo de espera, el momento en que sus funcionarios afirman que por lo menos deberían endurecerse las sanciones.
Todo esto está sucediendo un año después de que los israelíes fueron en secreto a la Casa Blanca de George W. Bush, en busca de bombas para volar fortalezas, el permiso de sobrevolar Irak y la capacidad de reabastecerse de combustible, todo eso necesario para destruir la principal planta iraní de enriquecimiento de uranio, situada en Natanz.
El presidente Bush dijo entonces que no y los israelíes retiraron la solicitud, al menos temporalmente. A la fecha, asistentes del entonces presidente afirman que no están seguros de si los israelíes hubieran tomado la decisión de atacar, si sólo estaban buscando el material necesario antes de que entrara en funciones el nuevo gobierno estadounidense, o si estaban tratando de presionar a Bush para que actuara antes de dejar el cargo. Y eso fue antes del reciente logro de Irán.