Estados Unidos
Obama ha perdido el equilibrio algunas veces desde su elección el año pasado. Durante semanas sonó a heraldo de la perdición, al advertir que la recesión podría durar diez años.
Eso fue en parte una táctica legislativa, diseñada para presionar al congreso para que actuara rápidamente respecto de su programa económico para esquivar las calamidades.
Pero algunos críticos se quejaron de que sus palabras estaban deprimiendo a la economía e incluso algunos allegados le recomendaron que recordara su optimismo.
En algún momento, el ex presidente Bill Clinton, el hombre sui géneris de Hope, Arkansas, exhortó a Obama a ponerse a la altura del pueblo respecto de los alcances de la crisis, pero hizo énfasis en su fe en el futuro.
“Simplemente me gustaría que terminara diciendo que tiene esperanzas y que está completamente convencido de que saldremos bien librados de esto”, comentó Clinton en ese tiempo.
Clinton aprendió esa lección navegando por la traicionera división entre optimismo y pesimismo durante su propia presidencia.
En 1995, él les mencionó a los reporteros a bordo del avión presidencial que pensaba que su tarea era “sacar a la gente de sus temores”.
Eso suscitó un escándalo, en el que se compararon sus palabras con el llamado discurso del “malestar” de Carter (aunque Carter no utilizó esa palabra) y el equipo de Clinton trabajó frenéticamente para desvanecer la noción de que el presidente pensaba que el país estaba deprimido. “Temores fue una palabra mal escogida”, declaró Clinton.