Pakistán
Diez personas murieron ayer en un atentado suicida contra las fuerzas de seguridad en el noroeste de Pakistán, donde los combates entre el ejército y los islamistas talibanes vinculados a Al Qaida provocaron el éxodo de unas 360,000 personas en poco más de una semana.
Entre las víctimas había dos militares, una niña y siete viandantes. Siete personas heridas, entre ellas tres niños, fueron trasladadas al hospital.
Pese a que de momento no había sido reivindicado, este atentado se inscribe en una ola de violencia sin precedentes -en la que han muerto más 1,800 personas- perpetrada desde hace cerca de dos años por los islamistas pakistaníes.
Desplazamientos
El ejército de Pakistán se encuentra enzarzado desde hace 15 días en una vasta ofensiva en el valle de Swat y sus alrededores, a unos 100 km al noroeste de Islamabad, para recuperar el control de la región, en manos de los talibanes desde hace dos años.
Estos combates han provocado un éxodo de civiles.
Desde el 2 de mayo, “360,600 individuos se registraron en los campos y fuera de ellos como parte de un nuevo flujo procedente de Swat, Burner y Lower Dir”, afirmó Arianne Rummery, portavoz del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).
Según Rummery, el gobierno de la Provincia de la Frontera Noroeste estableció, con la ayuda del ACNUR, 29 puntos de inscripción para los desplazados, principalmente en las ciudades de Mardan y Swabi.
Un responsable pakistaní del centro de reacción de emergencia en Peshawar, Abid Majeed, afirmó que más de 500,000 personas huyeron “desde el inicio de las ofensivas”, sin poder precisar una fecha.