Estados Unidos
Rahm Emanuel, que quizá sea el pendenciero de cantina más conocido de la capital, suena a apóstol de la paz y la armonÃa estos dÃas.
Como secretario de la Casa Blanca del presidente Barack Obama, Emanuel ha ayudado a orquestar una serie de victorias legislativas y ha abierto una nueva etapa de cooperación entre la Casa Blanca y el Congreso. "No han tenido grandes peleas", se jacta Emanuel. "Han tenido grandes éxitos."
Pero él sabe que se aproxima una pelea. Siempre llega. Puede ser por el gasto militar, la asistencia médica, la regulación financiera o el próximo juez de la Suprema Corte. O quizá por todo lo anterior.
A fin de cuentas, un presidente y un Congreso que traten de alcanzar cosas grandes invariablemente verán las cosas de forma diferente y, en algún momento, Obama y los legisladores tendrán un enfrentamiento por la dirección en que quieran llevar al paÃs. En ese momento, se tomará más plenamente la medida de Obama.
El inicio de la presidencia de Obama se ha caracterizado por la energÃa, la acción y la solidaridad de los demócratas, pero las decisiones realmente grandes apenas empiezan a asomarse por el horizonte. Si bien ha sido diferente con Obama debido a su popularidad, el congreso demócrata cada vez da más señales de inquietud por sus polÃticas de seguridad nacional y ha indicado que no necesariamente se inclinará a sus deseos en la forma de legislación de asistencia médica o cambio climático.
Su plan de alejar el presupuesto de defensa del equipo de elevado costo para orientarlo a operaciones especiales golpea en el corazón del empleo en los distritos de muchos legisladores.
Victorias presidenciales
Las grandes batallas suelen definir las presidencias, para bien o para mal, a veces de manera imprevista, ya sean las querellas de Franklin D. Roosevelt con el Congreso a causa del nuevo acuerdo, que a fin de cuenta tuvieron éxito, o los inútiles altercados de Richard M. Nixon con los legisladores durante la investigación de Watergate. Ronald Reagan logró negociar buena parte de su programa con una cámara de diputados demócrata, pero nunca evadió una buena pelea con los legisladores por los contras o cualquiera de sus demás prioridades.
Las titánicas disputas de Bill Clinton con el Congreso establecieron el curso de su mandato. Demostró su rudeza con sus victorias por un voto del plan económico en 1993 y esgrimió su derecho de veto contra el plan de salud, solo para enviar a los demócratas a una derrota un año después y no poder remozar el sistema médico del paÃs. Empero, podrÃa pensarse que el enfrentamiento con los republicanos por el presupuesto, que provocó el cierre del gobierno a fines de 1995, salvó su dañada presidencia y le garantizó la reelección.
George W. Bush evitó pelearse con el Congreso cuando los republicanos estuvieron a cargo durante sus primeros seis años, tomando como materia de orgullo no haber vetado una sola ley durante ese tiempo.
Pero se dio gusto ejerciendo su poder de veto una vez que los demócratas tuvieron el control, a raÃz de las elecciones de 2006, dominándolos finalmente en sus batallas por el gasto en la guerra de Irak, pero perdiendo en el tema de la inmigración. Con el tiempo, llegó a acuerdos respecto de los programas de ayuda para el sida en el extranjero, la vigilancia sin orden judicial y un paquete de estÃmulo económico.
Emanuel es inflexible respecto de los éxitos del gobierno a la fecha.
"Estamos por tener la temporada de primavera más productiva en veinte años: un proyecto de ley sobre tarjetas de crédito, en contra del desperdicio en contratos, el proyecto de ley contra el fraude, un importante proyecto de ley de vivienda, el proyecto de financiamiento de la corporación federal de seguro de depósitos (FDIC), por no hablar de los complementos", declaró Emanuel en una entrevista la semana pasada, recitando rápidamente los proyectos de ley. "Lo reto a que revise a cualquiera en una sesión de primavera y encuentre algo asÃ".
Pero advirtió que esperaba momentos más discutidos en el futuro. "Va a haber problemas respecto del presupuesto de defensa", anticipó. "Hicimos un cambio enorme y afecta a muchos miembros del Congreso. Es un lugar en el que habrá un sano debate. Los detalles del sistema de salud también serán un debate saludable. Yo creo que podrÃa decirse lo mismo de la reforma financiera y de energÃa".
Dan Meyer, que luchó contra la Casa Blanca como estratega de Newt Gingrich en los años noventa y en favor como director de asuntos legislativos con Bush, dijo que las peleas podrÃan ser importantes.