Estados Unidos
Las necesidades mundanas de laboristas y liberal-demócratas fueron cubiertas por solicitudes de reembolso por hipotecas inexistentes, reparaciones a fondo de la casa del socio de un parlamentario laborista y la tintorería de los pantalones de un liberal demócrata.
Antes de renunciar por el escándalo, el presidente de la cámara de los comunes, Michael Martin, solicitó miles de libras para pagar un auto con chofer que lo llevaba a su distrito de Glasgow, uno de los más pobres de Gran Bretaña.
Junto con la ambición, las revelaciones arrojaron luz sobre algunas exhibiciones de impresionante arrogancia. Anthony Steen, conservador de 69 años de edad, declaró a un reportero de la BBC que nadie tenía porqué meterse en los 135,000 dólares que le reembolsaron por el mantenimiento de su casa de campo.
“¿Sabe de qué se trata todo esto? Envidia”, explicó. “Yo tengo una casa muy grande. Me han dicho que se parece al castillo de Balmoral. Es la casa de un comerciante del siglo XIX. No es particularmente atractiva, pero a mí me gusta.”
En sí mismo, este escándalo difícilmente hubiera sido suficiente para despertar llamadas a un levantamiento político. Después de todo, la Gran Bretaña es la cuna de la “madre de todos los parlamentos” y tiene una tradición democrática que data de por lo menos ocho siglos.
En Estados Unidos, al igual que en Gran Bretaña, ha sido un lugar común pensar que Gran Bretaña es un paraíso de estabilidad política.
Hasta que se produjo la euforia por el ascenso del presidente Barack Obama, aquí a la política estadounidense se le consideraba un circo, comparada con la “dignidad” inherente de las tradiciones británicas.