Irán
Ya no son solo los jóvenes y chicos ricos con ideas liberales: familias enteras, conductores de taxis y hasta mujeres conservadoras con velos en el rostro están saliendo a las calles para protestar contra el gobierno iraní.
Lo que quieren es sencillo: que su voto cuente y ser oídos. Lo que no está claro es qué tan lejos están dispuestos a llegar para cumplir ese objetivo.
Es demasiado pronto para decir si las protestas callejeras darán lugar a un movimiento político fuerte encabezado por el principal rival del presidente Mahmoud Ahmadinejad, Mir Hossein Mousavi. Y varios analistas expresan dudas acerca del compromiso de la gente con la protesta.
Pero una cosa es innegable: en Teherán y otras ciudades, los partidarios de Mousavi -mayormente de clase media y alta- están enviando un claro mensaje.
“Al gobierno no le importan nuestros votos, pero nosotros queremos hacernos valer.
Mousavi sí defiende nuestros votos”, afirmó Saham Boorghani, de 26 años, partidaria de Mousavi y editora de un portal de Internet reformista llamado Diplomacia Iraní.
Boorghani es un ejemplo del joven reformista que apoyó a Mousavi. Pero el líder opositor está captando las simpatías de un sector mucho más amplio, que abarca desde empleados del gobierno hasta empleados de hotel.
La última vez que surgió un movimiento opositor tan grande en Irán fue hace una década, cuando una redada en una universidad de Teherán desató seis días de protestas nacionales. Ese fue un movimiento estudiantil que se terminó diluyendo.
Esta vez, los manifestantes no son solamente estudiantes ricos y gente joven. La clase media también se está volcando a las calles, lo mismo que sectores conservadores.
Con el rostro cubierto por un velo negro, Saman Qahremani, de 21 años, dijo que quería dejarle saber al gobierno que iraníes de todos los sectores están muy molestos con la forma en que se manejaron los resultados de las elecciones presidenciales.
“Cuando me enteré del resultado, sentí odio. Nos engañaron”, expresó Qahremani. “Si no cuentan los votos de la gente, Irán dejará de ser una república y pasará a ser una monarquía”.
Una amiga, que también tenía un velo, asintió con la cabeza.
Reza Hosseini, empleada municipal de 37 años, aclamó a Mousavi cuando pasó en una caravana rumbo a un acto.
“Voté por Mousavi con la esperanza de una vida mejor, de tener mayor libertad y seguridad”, manifestó Hosseini. “Toda la gente que conozco votó por Mousavi”.
Cerca suyo, un chofer de taxi gritó por la ventana: “¡Intégrense (a la protesta)! ¡No miren, adhiéranse!”.
Una mujer que participaba con su hija en una manifestación multitudinaria dijo que no podía quedarse en su casa viendo lo que sucedía.
Cuarto día
Decenas de miles de manifestantes vestidos de negro en señal de luto llenaron las calles de Teherán ayer, junto con el líder opositor iraní, Mir Hossein Mousavi, para recordar a los manifestantes muertos esta semana en enfrentamientos por las disputadas elecciones presidenciales.
Mousavi se unió a las gruesas columnas de manifestantes, muchos de los cuales llevaban brazaletes verdes y ramos de flores, mientras abarrotaban la plaza Imán Jomeini, dijeron testigos.
Al llegar a la plaza, que toma su nombre del fundador de la Revolución islámica, algunos grupos de manifestantes rompieron el silencio con consignas como “Muera el dictador” y “¿Dónde están nuestros votos?”
Los testigos hablaron bajo la condición de no ser identificados por temor a las represalias del gobierno. La prensa internacional recibió órdenes de no cubrir las protestas en las calles de Teherán.
La protesta de los opositores del presidente Mahmud Ahmadinejad, en el cuarto día consecutivo de manifestaciones, representó un desafío abierto al líder supremo del país, ayatolá Alí Jamenei, quien ha instado a los opositores a que encausen sus alegaciones de fraude electoral dentro de los límites del sistema clerical.
* Demandas: Los manifestantes reclaman que existan mayores libertades personales, estabilidad económica y mejora de la imagen internacional del país.
Musavi, líder reformista
En pocos días, el ex primer ministro, Mir Hosein Musavi, que había desaparecido de la política iraní durante 20 años, se impuso como el líder de la oposición a la reelección del presidente islámico radical, Mahmud Ahmadinejad.
Musavi fue oficialmente derrotado en la elección presidencial del 12 de junio pero rechazó inmediatamente los resultados.
Instó luego a sus partidarios a manifestarse, pese a la prohibición de las autoridades iraníes. Y ahora pide simplemente la anulación de los comicios y la organización de nuevas elecciones.
La discreción, la voz tenue y la falta de carisma engañan sobre la auténtica naturaleza de este arquitecto de 67 años que demostró una determinación inquebrantable como jefe de gobierno durante casi toda la guerra de Irak contra Irán (1980-1988).
En esta ocasión llegó incluso al plantarle cara al presidente Alí Jamenei, sobre la cuestión de la economía de guerra, defendiendo sobre todo una nacionalización de los circuitos económicos y un control estricto de los precios.
El ayatolá Jamenei se convirtió luego en guía supremo, tras la muerte del ayatolá Ruholá Jomeini, fundador de la república islámica, mientras que Mousavi salía de la política nacional con la supresión el mismo año del puesto de primer ministro.