Estados Unidos
El presidente Barack Obama todavÃa no habÃa asumido el cargo cuando sus simpatizantes ya estaban tallando su efigie en el monte Rushmore, cual otro Abraham Lincoln o como la segunda venida de Franklin D. Roosevelt.
Pero, ¿y si están equivocados en cuanto a su predecesor? ¿Qué pasarÃa si Obama estuviera destinado a ser más bien un segundo Lyndon B. Johnson? Ciertamente, tales analogÃas históricas son definitivamente simplistas y fatalmente defectuosas, aunque sea sólo por el hecho de que cada presidencia es caracterÃstica a su propio modo. Pero el modelo Johnson -un presidente que aspiró a transformar Estados Unidos en lo interno mientras libraba y perdÃa una guerra en el exterior- es el que acosa a la Casa Blanca de Obama ahora que trata de rescatar a Afganistán mientras promueve un amplio programa interno.
Futuro incierto para Obama
Este es el verano del descontento para Obama, en el que los embriagadores dÃas del inicio han cedido el paso a la chirriante batalla por metas esquivas y cuando él mira hacia un futuro incierto, no sólo respecto de su agenda legislativa sino también respecto de lo que indiscutiblemente se ha convertido en su guerra. Las elecciones de la semana pasada en Afganistán ocurrieron al mismo tiempo que el debate sobre la reforma del sistema de salud, que se ha caldeado en Washington, produciendo uno de esos momentos de atención dividida, en los que no podemos evitar acordarnos de los apuros de Johnson por forjar su "Gran sociedad" mientras combatÃa en Vietnam. "La analogÃa con Lyndon Johnson se plantea en forma muy profunda", asegura David M. Kennedy, historiador de la Universidad de Stanford. Obama, precisó, no debe permitir que Afganistán arroje sombras sobre su presidencia, como hizo Vietnam sobre la de Johnson. "Debe de preocuparse por el resultado de esa intervención y esa polÃtica, y por la forma en que eso puede afectar todo lo demás que desee llevar a cabo". En muchos sentidos, ese riesgo pende sobre Obama estos dÃas. Kennedy fue parte del grupo de historiadores que cenaron con Obama en la Casa Blanca hace unas semanas, cuando el presidente expresó su preocupación de que el tema de Afganistán secuestrara a su presidencia. Aunque Kennedy advirtió que no podÃa hablar de la conversación privada, otros asistentes aseguraron que Obama reconoció el riesgo de sufrir la misma suerte que Johnson. "El dijo que tenÃa un problema", afirmó uno de los asistentes de la cena, celebrada a fines de junio, que requirió el anonimato para hablar de estas conversaciones privadas. "No es algo a lo que él pueda dar la espalda y huÃr. Es una situación de la que él está consciente que puede ser un peligro para su gobierno".
Otro de los asistentes fue Robert Caro, biógrafo de Johnson que señaló la coincidencia de tque en ese mismo salón comedor, Johnson habÃa tomado la mayorÃa de las decisiones más importantes sobre Vietnam. "Estando sentado ahÃ, en lo único en que pude pensar cuando surgió el tema fue en el ambiente", indicó. "HabÃa una gran conciencia de que las cosas pueden salir mal". Sin citar lo que dijo el presidente, Caro aseguró que fue evidente que Obama entendió ese precedente. "Cualquier presidente con sentido de la historia -y a mà me parece que Obama tiene un conocimiento profundo de la historia- tendrÃa que estar muy consciente de lo que ocurrió en otra guerra y que descarriló un excelente programa interno", afirmó.
Afganistán, claro, no es exactamente Vietnam. En la culminación de esa guerra, Estados Unidos tenÃa unos 500,000 soldados en Vietnam, mientras que en Afganistán hay alrededor de 68,000. Además, la mayorÃa de los combatientes en los años sesenta eran reclutados, cosa muy diferente a los soldados voluntarios de hoy. Vietnam, por tanto, caló más hondo en la sociedad, afectó a más hogares e implicó a más participantes involuntarios. Pero la polÃtica seguida en los dos casos sà suscita comparaciones.
Asà como Johnson pensaba que no tenÃa más opción que combatir en Vietnam para contener al comunismo, la semana pasada, Obama presentó a Afganistán como el baluarte contra el terrorismo internacional. "Esta no es una guerra por elección", afirmó ante la asociación de Veteranos de Guerras en el Extranjero, durante su convención en Phoenix. "Esta es una guerra por necesidad. Quienes atacaron a Estados Unidos en septiembre de 2001 están tramando volverlo a hacer. Si no se controla, la guerrilla de los talibanes representarÃa un refugio aun mayor desde el cual Al Qaida podrÃa tramar matar más estadounidenses".