Afganistán
En la actualidad, el peligro es que, si Karzai es declarado ganador este mes, gobernará los próximos cinco años con una legitimidad democrática dudosa. Y podría iniciar su segundo mandato precisamente cuando el gobierno de Barack Obama se ha comprometido a cambiar el curso de la guerra.
La preocupación entre observadores afganos y extranjeros es que el fraude haya sido decisivo; es decir, que haya sido tan generalizado que hubiera cambiado el sentido de la votación. Los funcionarios estadounidenses han expresado su alarma por lo que han visto hasta ahora.
"Ha habido acusaciones creíbles de varias irregularidades, y algunas de fraude abierto y de relleno de urnas", afirmó Tim Carney, embajador estadounidense retirado que dirige el equipo electoral de Estados Unidos en el terreno.
Pero una cosa es preocuparse por el fraude y otra, hacer algo al respecto.
A través de los años, Karzai ha podido aprovechar el compromiso de Estados Unidos con Afganistán para su provecho propio: por muy decepcionados o irritados que estén los estadounidenses con el presidente, éste tiene la seguridad de que no lo van a abandonar. Eso ha reducido la influencia de Estados Unidos para obligar a Karzai a emprender los cambios que, en opinión de los estadounidenses, ayudarían a contener el resurgimiento de los talibanes.
Y así son las cosas ahora. Por muy inquietos que estén los funcionarios estadounidenses por las acusaciones de manipulación del voto, tienen reticencias para intervenir directamente en el proceso electoral afgano. Parece que tienen puestas sus esperanzas en que se puedan arreglar las acusaciones de fraude, especialmente en la comisión de quejas electorales, cuerpo dominado por extranjeros designados por el representante local de Naciones Unidas. Se informó que la comisión tenía más de 2,000 quejas de fraude o irregularidades, 270 de ellas tan graves que podrían cambiar los resultados.
"Existe un proceso que creemos capaz de juzgar las quejas y determinar si hubo o no hubo fraude", declaró Carney.
Es posible que Karzai no haya podido captar el 50% de los votos, lo que lo obligaría a presentarse en una segunda vuelta con el rival más cercano. Pero eso es precisamente lo que a Abdullah y a otros les preocupa que no llegue a suceder.
Las próximas semanas serán decisivas y en más de un sentido. Se espera que el recuento de los votos habrá concluido para la segunda semana de septiembre. Para entonces, los funcionarios de la comisión de quejas electorales tendrán más idea de qué tan substancial fue el fraude electoral. Y se espera que esta semana, el general Stanley A. McChrystal, el comandante estadounidense más alto en el país, le entregue al presidente Barack Obama su evaluación sobre la situación afgana. Ese reporte podría echar las bases para solicitar más tropas.