Afganistán
Las corrientes obscuras que han socavado la guerra encabezada por Estados Unidos en este paÃs han aflorado varias veces en los últimos ocho años, pero rara vez habÃan asomado tantas al mismo tiempo.
En el transcurso de una sola semana, una cadena de perturbadores eventos militares y polÃticos reveló no solo los extraordinarios agobios que les esperan a estadounidenses y afganos que se afanan por crear un paÃs estable, sino también la fragilidad de la empresa misma.
El martes pasado, cuatro soldados estadounidenses que patrullaban cerca de la ciudad meridional de Kandahar perecieron cuando su vehÃculo blindado, llamado Stryker, chocó con una bomba casera, que ahora es el arma preferida para matar tropas estadounidenses. Estas muertes hicieron que el número de bajas de soldados extranjeros de este año subiera a 295, y que el año de 2009 sea el más sangriento para la coalición que encabeza Estados Unidos. De los muertos, 175 eran estadounidenses; también el número más alto durante un solo año desde que empezó la guerra. TodavÃa quedan cuatro meses de este año por transcurrir y el número de bajas sigue en aumento.
Los cuatro estadounidenses que murieron el martes fueron parte de los 17,000 infantes de marina y soldados que envió el presidente Barack Obama al sur de Afganistán este año, para que ayudaran a recuperar la ventaja en este guerra. Los infantes de marina y los soldados están encontrando una feroz resistencia en su avance hacia las zonas donde el dominio de los talibanes no habÃa sido disputado, por años en algunos casos.
"Sigue habiendo muchos lugares donde los talibanes tienen la iniciativa", afirmó este mes un comandante estadounidense.
Y como para subrayar esa evaluación, un gigantesco auto bomba estalló esa misma noche en el centro de Kandahar, la ciudad más importante del sur de Afganistán, matando a por lo menos 41 personas y causando heridas a 80 más. El estruendo se sintió a kilómetros de distancia de la ciudad. El ataque estuvo dirigido a civiles afganos y reforzó la sensación de aislamiento de esta ciudad, que ha vacilado al borde de caer definitivamente bajo el control de los talibanes.
Pero quizá los eventos más inquietantes se desarrollaron en la capital del paÃs, Kabul, donde los funcionarios empezaron a contar las boletas de la elección presidencial del 20 de agosto.
Fraude
AhÃ, los funcionarios electorales recibieron un alud de reportes de fraude y robo de votos. La mayorÃa de estas acusaciones señalaban al presidente en funciones, Hamid Karzai, que cuenta con el respaldo de Estados Unidos.
A principios de la semana, el principal rival de Karzai, Abdullah Abdullah, convocó a una conferencia de prensa para exhibir un expediente de actos fraudulentos que, dijo, se habÃan llevado a cabo a cuenta del presidente en funciones.
Entre lo que exhibió Abdullah habÃa fajos de boletas electorales evidentemente falsificadas: todas marcadas en favor de Karzai de idéntica manera. Abdullah también mostró fotos de afganos alineados para emitir su voto en la provincia de Ghazni, en partes donde, a causa de la violencia, no habÃa sitios de votación oficiales. Mostró fotos de boletas apiladas inexplicablemente dentro de estaciones de policÃa. Y mostró también un video en el que varias personas rÃen y bromean mientras marcan una boleta tras otra.
"El régimen se ha robado el voto de toda una nación", afirmó Abdullah, ex ministro de relaciones exteriores y oftalmólogo de profesión. "Si el presidente Karzai se sale con la suya, se habrá impuesto a la nación en forma ilegÃtima por cinco años más."
Los asistentes de Karzai negaron toda participación en cualquier tipo de fraude. El recuento de votos continuaba este fin de semana y los resultados preliminares mostraban un ventaja de Karzai sobre Abdullah. Pero los reportes de fraudes y trampas se volvieron tan numerosos y tan substanciados que podrÃan socavar seriamente la legitimidad de cualquiera que fuera declarado ganador.
Las acusaciones de manipulación del voto pusieron de relieve la posición tan difÃcil en la que se encuentran los estadounidenses en Afganistán y, en especial, con Karzai. Este llegó al poder en 2001 con el apoyo del gobierno de George W. Bush y ganó en las elecciones nacionales de 2004. A pesar del apoyo estadounidense -o quizá debido a éste, precisamente-, Karzai ha estado presidiendo un gobierno corrupto y una guerra deteriorada, mientras su paÃs se convierte en el principal productor de opio del mundo.