Estados Unidos
Era un "plan arriesgado", en opinión de sus apasionados opositores, un ejemplo de extremismo ideológico y de arrogancia polÃtica. El partido del presidente titubeó ante las protestas espontáneas y organizadas, especialmente por parte de las personas de edad. Finalmente, el plan del presidente George W. Bush para incorporar cuentas de inversión privadas en el seguro social, la pieza clave de la agenda de su segundo mandato, se marchitó y murió.
Pocos años después, los ecos de esa batalla vuelven a reverberar por todo el paÃs, ahora que los republicanos emplean tácticas notablemente similares para torpedear la campaña del presidente Barack Obama para remozar el sistema de atención médica.
Oposición republicana
Invocando imágenes de una debacle tipo Frankenstein, los republicanos han dicho que el enfoque demócrata es un "experimento peligroso en atención médica". Y se han aliado con los ciudadanos de edad, atizando sus miedos.
Sintiendo que la inseguridad económica puede canalizarse para oponerse al cambio, los republicanos están tratando de convencer al pueblo de que está mejor con el sistema que ya conoce, por defectuoso y fiscalmente insostenible que pueda ser a la larga, y no con uno para el cual se requiere un acto de fe.
Pero esos dos enfrentamientos son más que imágenes reflejadas del juego polÃtico. Consideradas juntas, permiten definir los lÃmites actuales del incesante debate sobre el equilibrio que debe existir entre un gobierno grande y las fuerzas del mercado. Y las semejanzas explican en parte el clima polÃtico al que se enfrentará Obama, cuando trate de rescatar su iniciativa de asistencia médica con un discurso el próximo miércoles, ante una sesión conjunta del congreso.
Esa noche, su tarea no será solo la de convencer acerca de su plan de salud, sino también tranquilizar a los estadounidenses, señalando que su enfoque quedará dentro de la zona de confort ideológico. Para ello, tendrá que persuadir al paÃs -en una medida que no necesitó, por ejemplo, cuando se trató de aprobar el paquete de estÃmulo económico y tomar otras medidas de urgencia- de que puede confiar en que el gobierno es tan competente como circunspecto.
El éxito o el fracaso de Obama no tendrán solo grandes repercusiones polÃticas para él mismo y su agenda. El resultado dirá mucho acerca de la capacidad del paÃs para manejar uno de sus más grandes problemas de largo plazo: los enormes y crecientes costos de mantener una población de edad. Si bien los argumentos de izquierda-derecha pueden parecerles abstractos a los votantes medios, la gente entiende los beneficios relativos del libre mercado y del gobierno cuando estos determinan la calidad de su atención médica y la seguridad de su retiro.
Nuevo sistema
Mirando en retrospectiva, el fracaso de la propuesta de seguro social en 2005 representó el fin simbólico de más de veinte años en los que los conservadores se habÃan esforzado -con éxito, las más de las veces- por disminuir el papel del gobierno y aumentar el del mercado, tanto en la economÃa nacional como en la vida de las personas. Al no poder modificar el fundamento del sistema de asistencia social -transformando un beneficio respaldado por el gobierno en un hÃbrido que permitirÃa invertir en cuentas tipo 401(k), con todos los riesgos y ventajas que eso puede implicar-, la Casa Blanca de Bush encontró el lÃmite de la disposición popular a adoptar al mercado como la fuerza del bien social. Desde entonces, el péndulo ideológico ha oscilado a la izquierda: la elección de un congreso demócrata en 2006; la debacle económica del año pasado y la consiguiente y enorme intervención del estado en el sector privado; el apoyo de Obama a una regulación más estricta de Wall Street y otras industrias. Ahora la pregunta es si esa oscilación ya está llegando a su lÃmite en la batalla por la asistencia médica.
El resultado no se conocerá en semanas o meses y sigue siendo materia de debate si la oposición que estalló el mes pasado representa una incomodidad de amplia base con el presunto papel del gobierno en el nuevo sistema o si es solo ruido generado por los grupos de interés conservadores. Los liberales confÃan en que, a fin de cuentas, Obama prevalecerá ya que "la amplia mayorÃa de los estadounidenses se enfrentan a la inseguridad económica y sienten que no está funcionando el sistema de atención médica", afirma Roger Hickey, veterano activista progresista que ha estado involucrado en las batallas por el seguro social y la atención médica.