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La violencia desangra las calles de Caracas

Con más de 30 muertos a tiros cada fin de semana, la capital de Venezuela es la segunda ciudad más peligrosa del mundo, después de Ciudad Juárez, destaca un reportaje de El País
06.10.09 - Actualizado: 06.10.09 11:32pm - Redacción: redaccion@elheraldo.hn

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Caracas,

Venezuela

Visto así -tendido en la camilla de aluminio, en la morgue del hospital- pareciera que las balas no lograron interrumpir el sueño de Jefferson. Hace unas horas lo mataron en su cama, mientras dormía, de cuatro disparos cruzados en el pecho. Tenía 16 años y su asesino, un amigo del barrio y de la infancia, ronda la misma edad.

Él y la procesión de cadáveres adolescentes que se apilan a su alrededor a medida que avanza la noche del viernes, confirman la regla universal de que los difuntos siempre parecen dormidos. También validan la estadística local de que los chicos más pobres, de 16 a 22 años, son las víctimas predilectas de la violencia que cada fin de semana se carga entre 30 y 50 vidas en Caracas.

Condiciones

La teoría del comisario Darío Caraballo es que solo la lluvia calma esta guerra, que en 2008 dejó un parte de más de 1,900 asesinatos por violencia común y ha convertido a la capital de Venezuela en la segunda ciudad más peligrosa del mundo, después de Ciudad Juárez y por delante de Bagdad, según un estudio de la ONG mexicana Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública.

Caraballo es uno de los encargados de coordinar el trabajo de los 140 policías municipales que cada noche patrullan el barrio de Petare: una sucesión de infraviviendas de ladrillo rojo que cubren por completo los montes del este de Caracas, que se comunican por unas pocas calles y un complicado laberinto de escaleras, y donde viven unos dos millones de personas. A falta de hombres, armas apropiadas y mejores sueldos, la policía no puede más que encomendarse al clima. "Ni a los malandros (delincuentes juveniles) les gusta mojarse, así que cuando llueve suele haber menos homicidios", reconoce el jefe policial. Pero nunca llueve lo suficiente.

Solo en un fin semana, el último de septiembre, 34 personas fueron asesinadas en Caracas. Cuatro de ellas murieron la noche del viernes en Petare. El primer cuerpo tiroteado que ingresó en uno de los dos hospitales del barrio fue el de Jefferson Michael Ibarra Marrero.

"Déjamelo quieto, que él se va a dormir". Cuenta su madre que eso le dijo al asesino, antes de que descargara el cargador de una pistola sobre su hijo. Ella lo presenció todo. Jefferson y el joven de la pistola habían bebido demasiada cerveza. Por un motivo que nadie recuerda, discutieron y se liaron a golpes.

Luego Jefferson se fue a su casa. Media hora después, su compañero de juerga entró a su habitación. Disparó sobre él y corrió cerro arriba hasta perderse en el laberinto de escaleras. Los policías de Caraballo llegaron minutos después y ya no lograron alcanzarlo.

Jefferson ya estaba muerto cuando su primo y su hermano lo sacaron del coche patrulla que lo había llevado al hospital. Pidieron a gritos una camilla, pero no había ninguna disponible en la sala de emergencias. La morgue del hospital no es más que una habitación con aire acondicionado. Las cámaras refrigeradas están averiadas desde hace más de 20 años. La sala de autopsias no funciona desde hace cinco, y ahora es un depósito de los ataúdes que el Estado dona a los indigentes fallecidos.

Medidas

En enero de 2008, el gobierno venezolano desplegó 800 soldados en las calles de la capital como ariete del plan Caracas Segura para "erradicar la acción del hampa". Desde entonces, los guardias nacionales, armados con fusiles de asalto, montan guardia en las esquinas de los barrios: verifican documentos, vigilan, infunden respeto. El barrio los recibe con gusto y alivio. "Al menos así no desatan tiroteos en las calles principales, sino que los malandros se matan en las escaleras", dice un vecino de la barriada.

A la Asamblea Nacional también se le ha ocurrido aprobar una ley para prohibir la venta de videojuegos sangrientos, que "promueven y glorifican" el crimen, para ayudar a reducir la carga de violencia entre los jóvenes.

Por la liquidez que inyecta en el país la venta de petróleo y por los patrones de consumo venezolanos, es más que probable que el asesino de Jefferson haya tenido en casa una consola de videojuegos. Pero comprar un arma le resultó sin duda más fácil y casi tan barato como comprar una PlayStation. Un revólver del calibre 38 no cuesta más de 250 euros en el mercado negro. Los chicos saben dónde encontrarlos.

Estudiantes piden intermediación de Brasil

Tres estudiantes venezolanos se encadenaron el lunes por ocho horas frente a la sede de la Embajada de Brasil en Caracas, para solicitar al gobierno brasileño que interceda para que Venezuela permita la visita de una delegación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Los estudiantes fueron recibidos por el embajador Antonio José Simoes quien, según la prensa local, se habría comprometido a enviar al presidente Luiz Inacio Lula da Silva un documento presentado por los manifestantes, en el que se le pide además apoyar la liberación de los llamados "presos políticos".

Las demandas de los tres estudiantes son las mismas que llevaron a unos 150 estudiantes a realizar una huelga de hambre de una semana y que culminó con la convocatoria a una marcha en Caracas, que reunió el sábado a varios centenares.

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Agentes de seguridad trasladan el cadáver de Jefferson Ibarra, un menor tiroteado en Caracas, en esta imagen de Maye Primera, también autora del reportaje.
Agentes de seguridad trasladan el cadáver de Jefferson Ibarra, un menor tiroteado en Caracas, en esta imagen de Maye Primera, también autora del reportaje.

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