Pakistán
Varios comandos de extremistas lanzaron ataques coordinados contra tres instalaciones de las fuerzas de seguridad en la ciudad oriental de Lahore y estallaron coches bomba en dos ciudades más, dejando al menos 40 muertos en una ola de violencia contra objetivos gubernamentales.
La masacre destacó la habilidad de los milicianos islámicos que realizan ataques perfeccionados contra instalaciones fortificadas y expone las fallas de la agencias de espionaje a la hora de infiltrar las filas de grupos extremistas.
Reinvindicación
Ningún grupo se declaró responsable de los ataques de forma inmediata aunque las sospechas recayeron en talibanes pakistaníes que han organizado otros ataques. Los asaltos de ayer fueron también una nueva serie que plantea una amenaza mayor para la provincia de Punjab, que colinda con la India, donde al parecer el Talibán ha incursionado y se ha vinculado con organizaciones insurgentes locales.
El presidente Asif Ali Zardari dijo que el derrame de sangre en el país en los últimos once días no alejará al gobierno de su misión de eliminar a los extremistas violentos, de acuerdo con un comunicado en la agencia oficial de noticias.
"El enemigo ha comenzado una guerra de guerrillas", afirmó el ministro del Interior, Rehman Malik. "La nación entera debe estar unida contra ese puñado de terroristas y Dios mediante los derrotaremos".
La oleada de violencia detuvo las actividades en Lahore. Todas las oficinas gubernamentales recibieron la orden de cerrar, los caminos prácticamente se vaciaron y los mercados mayores no abrieron, mientras los comercios que habían abierto volvieron a cerrar.
La violencia comenzó cuando un grupo de hombres armados atacó un edificio de la Agencia Federal de Investigación, un departamento policial que atiende asuntos de inmigración y terrorismo.