Estados Unidos
El gobierno de Barack Obama, que parecÃa tener ambas manos ocupadas con sendos frentes de guerra en Afganistán y en Pakistán, abrió un tercer frente la semana pasada, esta vez con Fox News.
Hasta entonces, el conflicto habÃa sido un asunto más bien unilateral, en el que los locutores de Fox News promovÃan "fiestas de té" por motivos de impuestos, que concentraban las protestas contra el nuevo presidente. Recientemente, la televisora habÃa logrado hacer rodar la cabeza del asesor presidencial Van Jones gracias a una ruda cobertura que tomó desprevenido al gobierno asà como a otras empresas de información. Durante el debate por la reforma de la asistencia médica, Fox News les dio un megáfono a los opositores, algunos de los cuales lanzaron teorÃas descabelladas acerca de los efectos de la reforma. Y quizá lo más exagerado de todo, la estrella del momento más visible de la televisora, Glenn Beck, ha dicho que el presidente "siente un odio profundo y arraigado por los blancos".
Al parecer, los funcionarios del gobierno decidieron la semana pasada que ya estaban hartos. "Vamos a tratarla (a la televisora) del mismo modo en que se trata a un oponente", advirtió Anita Dunn, directora de comunicaciones de la Casa Blanca, en una entrevista con The New York Times. "Como está emprendiendo una guerra en contra de Barack Obama y de la Casa Blanca, no necesitamos pretender que esta es la forma en que deben comportarse las empresas informativas legÃtimas."
Ah, pero pretender siempre ha sido considerado una parte valiosa del manual presidencial. SonreÃr y fingir que todo está bien, aun bajo el más fulminante ataque de los medios no es sólo de buena educación, sino que también es en general una buena polÃtica. Aunque sin duda existe un deleite visceral en saldar cuentas finalmente con los antagonistas, la historia de los gobiernos que la han emprendido con éxito contra los medios es más corta que esta frase. No quiere decir que todos lo hayan intentado.
En su segundo discurso de toma de posesión, Ulysses S. Grant afirmó que habÃa sido "sujeto de maltratos y difamaciones rara vez igualado en la historia polÃtica". El presidente William McKinley llamaba a una reunión de la prensa "congreso de inventores" y el presidente Franklin D. Roosevelt asignaba a los miembros de la prensa menos favorecidos a su "Club de Tontos". En ocasiones, la estrategia deba resultados, o al menos no causaba daños permanentes.
Presidentes vs. medios
Conforme los estadounidenses se dirigieron cada vez más a la televisión para estar informados, la enemistad de los presidentes pronto siguió ese camino. El vicepresidente Spiro T. Agnew decÃa que los "autodesignados analistas" de las tres grandes cadenas de televisión no ocultaban su "hostilidad" hacia el presidente Richard M. Nixon, sometiendo sus discursos a "análisis instantáneos y crÃticas quejumbrosas".
Posteriormente, en la disputa con The New York Times por los documentos del Pentágono, Henry Kissinger, asesor de seguridad nacional de Nixon, acusó a ese diario de traición. Ninguno de los presidentes Bush tuvo una relación cómoda con la prensa. George H.W. Bush terminó su campaña en 1992 con una pegatina para coches que recomendaba: "Irrita a los medios y vota por Bush". Y su hijo, George W. Bush, en palabras de Mark Halperin, entonces en ABC News, consideraba a los medios como "un grupo de interés especial, más que como guardianes del interés público".
Y también Bill Clinton desconfiaba de los medios, como también otros funcionarios de su gobierno. En 1993, cuando se suicidó Vincent Foster, subconsejero de la Casa Blanca con Clinton, dejó una nota en la que acusaba de mentir a la página editorial de The Wall Street Journal.
Aunque la gran mayorÃa de las crÃticas contenÃan un grano de verdad en todos los casos, la gente que detentaba los barriles de tinta -y ahora de pixeles-, parecÃa ir a la delantera.
Hasta ahora, el único ganador de la actual disputa parece ser Fox News. Su rating de este año es de más de 20% y la televisora se regodeó durante una semana con el antagonismo de un presidente en funciones. Todo esto podrÃa descartarse como una acción secundaria, pero puede representar un verdadero problema para Obama, que durante la campaña puso gran esfuerzo por presentarse como alguien que está por encima de las acaloradas riñas partidistas.