Estados Unidos
Ciertamente sonó muy bien.
Quizá con la esperanza de convencer a un pueblo dudoso de que controlar las prácticas financieras irresponsables efectivamente es una prioridad de Washington, el gobierno de Barack Obama y el congreso realizaron un truco de reformas financieras.
En el comité de servicios financieros de la cámara de representantes se esbozaron los contornos de una agencia de protección al consumidor de servicios financieros.
El comité de agricultura de la cámara baja delineó las formas de regular el arriesgado comercio de los derivados y el encargado de las compensaciones, en la TesorerÃa federal, anunció su plan para ponerle riendas a los desbocados honorarios que reciben los ejecutivos de siete compañÃas que, en total, se beneficiaron con miles de millones de dólares en ayuda con fondos públicos durante el último año.
Para no quedarse atrás, la Reserva Federal anunció sus planes para revisar las prácticas de pagos en los bancos más grandes del paÃs. Todo esto nos deja con una pregunta: ¿Eso harÃa que Wall Street fuera seguro para Estados Unidos?
Pese a toda la acción aparente en Washington, algunos observadores agudos advierten que fue mucho ruido y pocas nueces. Las medidas de la semana pasada, afirman, fue un andarse por las ramas sin hacer nada para evitar otro desastre como el que ocurrió el año pasado.
Por ejemplo, la atención tan grande puesta en las compensaciones de los ejecutivos parece una forma de que el gobierno le asegure a un pueblo enojado que está haciendo verdaderos cambios. Pero las compensaciones son una naderÃa en comparación con, digamos, una verdadera reforma del negocio de los derivados.
"El pueblo estadounidense entiende la inmoralidad de pagar enormes bonos por los fracasos que tanto dañaron a la economÃa", señala Michael Greenberger, profesor de derecho de la Universidad de Maryland y ex regulador de mercancÃas.
"Lo que no entiende es que esos pagos son apenas una pequeña fracción de las irregularidades que se cometen y que, en esencia, los problemas de las compensaciones, por malos que sean, son algo secundario en relación con la naturaleza de casino de la economÃa que habÃa antes de Lehman Brothers, y que sigue habiendo."
Es bastante difÃcil para los reguladores curtidos y los profesionales del mercado evaluar si las diversas reformas propuestas van a llenar las lagunas perniciosas y volver más seguro al sistema financiero. Pero para un pueblo escaldado por la crisis, tal análisis es casi imposible.
Digerir recortes
Es mucho más fácil captar los recortes en las compensaciones de los ejecutivos anunciados por Kenneth R. Feinberg, funcionario de la TesorerÃa encargado de fijar las compensaciones para las compañÃas rescatadas.
Feinberg redujo las compensaciones de manera pareja en American International Group, Citigroup, Bank of America, Chrysler, General Motors, GMAC y Chrysler Financial, las empresas que recibieron la mayor parte de la ayuda gubernamental. Redujo los pagos en efectivo en más de 90% y los pagos en general en alrededor del 50%.
Tratando de desalentar la mentalidad de gratificación instantánea que permea las oficinas de corredores y ejecutivos, Feinberg también requirió que la mayor parte de los salarios que supervisa se paguen en acciones que, además, deberán conservarse a largo plazo.
Ciertamente vale la pena reducir las compensaciones desproporcionadas en las compañÃas que recibieron apoyo público. Pero regular los derivados es mucho más importante para quienes están interesados en eliminar la posibilidad de rescates multimillonarios en el futuro.
Esos instrumentos financieros, que se negocian en privado y lejos de la mirada suspicaz de los reguladores, son decisivos para la interconexión de las empresas que requirieron los rescates más costosos. American International Group, por ejemplo, tuvo que ser rescatada para cubrir los costos de los seguros que habÃa expedido a clientes que querÃan proteger sus bienes hipotecados de la falta de pago. Este seguro es un derivado llamado intercambio de crédito y falta de pago.
La compañÃa recibió 170,000 millones de dólares en ayuda pública.
Pero el proyecto de ley de derivados generado por el comité de agricultura de la cámara de representantes contiene una laguna considerable. Está diseñado para llevar el negocio de esos obscuros instrumentos hacia casas de bolsa o de distribución en las que los reguladores y los participantes pueden evaluar mejor lo que está en riesgo.
Pero el proyecto permitirÃa que las transacciones fueran privadas si implican a compañÃas no financieras que estuvieran tratando de protegerse contra las fluctuaciones en el costo de realizar sus negocios, práctica conocida como cobertura de riesgos.