Ciudad del Vaticano
El Papa, derribado el jueves antes de la misa de gallo en la basílica de San Pedro por una mujer aparentemente desequilibrada, continuó ayer su programa navideño celebrando el Ángelus para la fiesta de San Esteban, primer mártir de la cristiandad.
Benedicto XVI apareció sereno cuando salió al balcón de sus habitaciones y saludó a los fieles congregados, a pesar de la lluvia, en la plaza de San Pedro en el Vaticano.
Durante su homilía antes de la oración del Ángelus, Benedicto XVI pidió "respaldar con la plegaria" los "numerosos creyentes que, en varias regiones del mundo, se ven sometidos a pruebas y sufrimientos por su fe".
Al igual que la víspera, en ocasión de la tradicional bendición Urbi et orbi (a la ciudad y al mundo), el Papa no hizo alusión a su agresión.
La mujer que saltó la valla de seguridad el jueves -Susanna Maiolo, una italo-suiza de 25 años al parecer con problemas psiquiátricos- y que derribó a Benedicto XVI, fue ingresada el viernes en una institución especializada en psiquiatría.
En el incidente, el cardenal Roger Etchegaray, de 87 años, sufrió la fractura del fémur.
El portavoz de la Santa Sede, Federico Lombardi, indicó que la justicia vaticana decidirá en los próximos días, sobre la base de los informes médicos y de la gendarmería vaticana, "los pasos a seguir" con respecto a la joven.
Lombardi había indicado que la cuestión "es más bien curarla", en vez de juzgarla.
El viernes había revelado que la justicia vaticana era "en general clemente".
Susanna Maiolo declaró a sus médicos, según la versión Internet del periódico La Repubblica, que "no quería hacerle daño" a Benedicto XVI.