HaitÃ
Sobre la montaña de los restos de un edificio de envÃo de remesas la gente se aglomera, husmea entre los escombros, levanta pedazos de bloque en busca de dinero.
Es macabro. En medio de billetes que afanosos buscan decenas de haitianos pueden haber cuerpos putrefactos de empleados de la agencia, si es que estaban todavÃa adentro cuando el terremoto de 7.0 grados en la escala de Richter mató millares de personas en HaitÃ, especialmente Puerto PrÃncipe.
Saber si hay cadáveres en el inmueble es incierto, pero el hedor que domina el ambiente supone que cerca, muy cerca, o debajo de los pies de los que buscan entre la pila de muros, hay cuerpos pudriéndose.
"Tú crees que no hay muertos ahÃ, mira, buscan dólares, ahà hay billete atrapado", dice Patrice Delphen, uno de los tantos haitianos que usa su carro como taxi para llevar que comer a su casa.
Esto sucede en la Route de Freres (Calle de los Hermanos), una empinada vÃa que da acceso a Petion Ville, en donde el terremoto pareció ser selectivo, pues mientras algunos edificios de empresas fuertes cayeron o se agrietaron, otros negocios pequeños no sufrieron nada o apenas tienen fisuras.
La ayuda internacional ha comenzado a fluir mejor que al inicio, pero eso no ajusta.
La gente se desespera al ver pasar el dÃa y no tener asistencia necesaria para paliar el hambre, mucho menos una respuesta concreta para reconstruir sus casas.
Por toda la calle de Freres hay casas caÃdas y sobre sus restos personas tratando de extraer ropa, artÃculos de cocina u otro enser que pueda serles útil puedan vender.
De tal suerte que los residuos de edificaciones se han convertido en minas para los haitianos.
Hayas Óscar, desempleado y dueño de un carro que alquila como medio de subsistencia, cuenta que la situación es desesperante, que si el caudal de ayuda no crece se prevé un mayor descontrol y un rebrote de violencia.
"Qué va a pasar si no hay comida, si los niños no tienen qué comer, la gente se enoja y busca como sea comida", expresa con cara de desconsuelo.
En algunos sitios de Puerto PrÃncipe han comenzado a abrirse más supermercados, pero las mayorÃas solo pueden ver que un selecto grupo tiene el dinero para adquirir reservas alimenticias.
En las estaciones gasolineras no es lo mismo, las filas parecen interminables y en varias de ellas se vende el producto racionado.
"Dos galones a los sumo es lo que le venden a las personas que llevan sus depósitos", asegura Óscar, quien agradece que nadie de su familia perdió la vida.
Y las calles de la región de Delmas 94 nuevamente se atestan de vendedores, no hay mucho que ofrecer, son pocos productos y escasa la cantidad de haitianos que tienen fondos para comprar.
Es el mercado popular de la región que volvió a la vida, a lo largo de una acera hay productos como verduras, artÃculos para limpieza y carbón, como muestra de que Puerto PrÃncipe quiere iniciar a recuperarse.
Cuando el sol azota el equipo de EL HERALDO preguntó por un lugar en donde vendan agua potable y al paso sale un haitiano con rostro de cansancio y pidiendo que alguien le regale dinero para él también saciar su sed.
"Agua, agua, ¿quiere agua?", dice y luego ruega: "no tengo nada, deme dinero (para) agua", expresa para después acompañar su exclamación sobándose el estómago.
Los niños también andan por la calles mendigando comida y agua.
A metros a la redonda no hay nadie que parezca ser padre de las criaturas.
Igual deambulan haitianos tocando portones de empresas pidiendo trabajo, y aunque no hay muchas plazas disponibles no dejan de moverse por Puerto PrÃncipe buscando huir del fantasma del hambre.
En las afueras de la Embajada de Estados Unidos hay filas de cientos de personas tramitando sus visas para ir a ese paÃs y dejar el mundo de destrucción que tiene enlutado a esta isla del mar Caribe.