Haití
Las escenas más recientes del drama de la supervivencia y de la muerte en el desastre de Haití son un saqueador muerto a tiros por irrumpir en un comercio y grupos de ilusos construyendo viviendas sobre terreno inestable.
Cerca de tres semanas han pasado desde que un terremoto destruyó gran parte de la capital haitiana y dejó un vacío de poder acerca de quién y cómo reconstruirá el país.
En una muestra de la creciente desesperación, un guardia de seguridad privada mató a un saqueador que junto con otros entró en un dañado comercio de electrodomésticos en el distrito comercial.
Mientras jóvenes se llevaban cocinas, refrigeradores y un acondicionador de aire, un periodista de la Associated Press vio cómo llegaba el guardia disparando una pistola automática.
Una docena de soldados estadounidenses llegaron para calmar la situación, pero era demasiado tarde. El saqueador yacía boca abajo, al pie de las escaleras, salpicado de sangre. Otros haitianos tratan de sobrellevar la situación, aunque prevalecía un ánimo sombrío.
“La situación solo empeora”, se lamentó Josielle Noel, de 46 años, que estaba entre un grupo de docenas de personas dispuestas a reconstruir el barrio de tugurios de Canape Vert, una zona devastada por el temblor.
Pocas carpas han sido distribuidas a los sobrevivientes, los escombros están por doquier y en casi cada esquina de Puerto Príncipe se ven carteles que imploran ayuda en inglés, y no en el idioma local, el creole.
Podría tomar semanas para conseguir las 200,000 carpas que necesitan los desamparados en Haití, dijo Marie-Laurence Jocelyn Lassegue, ministra de cultura y comunicaciones.
Destrucción
El gobierno prácticamente ha quedado paralizado por el terremoto y se ha limitado a pedir ayuda extranjera y a reunirse con donantes del exterior.