Estados Unidos
De pronto, como dice el historiador presidencial Richard Norton Smith, “el candidato del cambio se volvió el presidente de la continuidad”.
En qué medida fue eso es algo que quedó en evidencia la semana pasada, en una audiencia del congreso acerca del rescate de la gigantesca aseguradora AIG, a fines de 2008.
Al secretario de la Tesorería de Obama, Timothy Geithner, le llovieron las críticas por parte de los dos partidos. Prácticamente la única persona de la sala que estuvo al lado de Geithner fue su predecesor durante el gobierno de Bush, Henry Paulson.
“Obama hizo una campaña con una crítica acerca de lo que está mal en la economía estadounidense y una idea para restablecer la idea de progreso y de oportunidad”, señala por su parte John Podesta, que maneja el Centro para el Progreso Estadounidense, un grupo liberal de investigación que asesora a Obama.
“Él necesita restablecer esa narrativa. El pueblo ha dado un giro muy peligroso y ahora piensa que a él le importa más Wall Street que solucionar sus problemas.”
Todd Gitlin, sociólogo de la Universidad de Columbia y escritor, dice que Obama encarna dos corrientes discordantes de la política estadounidense: la progresista, que apela a la razón y a la reforma, y la populista, impulsada por el resentimiento de la clase trabajadora por las desigualdades.
Pero indicó que el margen de maniobra de Obama para mantener a las dos podría ser estrecho, debido al auge del movimiento de la Fiesta del Té y por la necesidad de responder agresivamente a sus mensajes antigubernamentales, que suelen ser virulentos.
Rechazo
La Casa Blanca en gran medida descarta las advertencias. “El presidente ha tenido una narrativa continua desde el día que saltó al escenario nacional, en 2004”, afirma Dan Pfeiffer, director de comunicaciones de la Casa Blanca. “La interpretación de esa narrativa es cíclica”.
Empero, Obama reconoció en su discurso sobre el estado de la Unión que los ciudadanos se han vuelto escépticos respecto de su promesa de esperanza y cambio.
Las encuestas indican que está perdiendo el apoyo de los independientes y su base liberal está inquieta por la guerra en Afganistán, su presupuesto y su disposición a hacer compromisos respecto de la reforma del seguro médico.
Más que moverse claramente hacia la derecha o la izquierda o de entrar más a fondo en el modo de combate que intentó después de la sorprendente derrota de su partido en la elección senatorial de Massachusetts, la semana pasada su enfoque fue ofrecerle algo a todos.
Hubo una promesa de avanzar en una medida para permitir que hombres y mujeres homosexuales sirvan abiertamente en las fuerzas armadas, la garantía de que está llegando a su fin la guerra en Irak, la garantía de que combatirá en Afganistán.
A los republicanos les hizo la promesa de que escuchará sus ideas.