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Apoliticismo en las películas de guerra

Ninguna de esas películas tuvo mucho éxito con el público y tampoco lograron enmarcar las cuestiones de la geopolítica posterior a los atentados de 2001.
13.02.10 - Actualizado: 13.02.10 07:15pm - The New York Times: redaccion@elheraldo.hn

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Estados Unidos

La Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas otorgó nueve nominaciones a The Hurt Locker, la sorprendente película de Kathryn Bigelow que destroza los nervios narrando las acciones de un escuadrón de especialistas antiexplosivos del ejército de Estados Unidos, que realizan su peligroso oficio en Bagdad.

Después de siete años en Irak y ocho en Afganistán, además de decenas de películas que abordan ambos conflictos -algunas con cautela, otras en forma alegórica-, este reconocimiento parece oportuno, aunque retrasado.

Por fin se está poniendo atención a un drama rudo e inflexible (que también es una excelente película de acción) sobre las realidades del combate en el terreno de los hechos.

Desde que se presentó por primera vez en el Festival Cinematográfico de Toronto en 2008, The Hurt Locker ha sido alabada por la crítica por varios motivos, por lo general, debido a su enfoque apolítico de la guerra.

En todas las entrevistas, Bigelow y el libretista Mark Boal, cuya experiencia como periodista adscrito al ejército estadounidense en Bagdad conformó buena parte de la historia, han insistido en que la película no adopta ninguna postura respecto de la misión estadounidense en Irak, centrándose tan solo en los hombres que llevan a cabo dicha misión.

Puede ser discutible que The Hurt Locker sostenga esa neutralidad, pero quizá el rasgo menos distintivo de la cinta sea su intención de permanecer al margen de los desordenados debates acerca de la prudencia o de la efectividad de la política militar de Estados Unidos.

Cuando se trata de las actuales actividades militares en el continente asiático, la frase de Karl von Klausewitz, de que la guerra es "la continuación de la política por otros medios", es un recordatorio -y quizá uno de los pocos lugares comunes- que los cineastas estadounidenses han decidido pasar por alto.

Unos días antes de que se anunciaran las candidaturas al Oscar, el jurado del Festival Cinematográfico Sundance le otorgó el gran premio a "Restrepo", un documental dirigido por Tim Hetherington y Sebastian Junger que sigue a un pelotón del ejército durante un año lleno de peligros en una zona mortífera de Afganistán.

En el sitio web de la película, los directores, tras señalar que "la guerra de Afganistán se ha politizado mucho", defienden la decisión de no entrar en discusiones políticas en términos fuertes. Los directores señalan que "es importante comprender" la experiencia de los soldados, "al margen de las creencias políticas de cada quien. Las creencias son una forma de evitar ver la realidad. Y esta es la realidad".

Realidad

No he visto "Restrepo" y estoy ansioso de conocer la realidad que presenta, en la seguridad de la sala de proyecciones. Pero la pretensión de que la realidad derrota cualquier interpretación que se haga de ella, y la implicación de que la representación de los combates de primera mano y sin intermediarios es la imagen más auténtica de la guerra, son tanto discutibles como conocidas.

El primer documental importante sobre las tropas estadounidenses en Irak, Gunner Palace, de Michael Tucker y Petra Epperlein -realizado en 2003, al principio de la insurgencia que domina The Hurt Locker-, igualmente se empeñó en privilegiar la experiencia directa sobre el debate ideológico. Y casi todos los largometrajes que se han hecho desde entonces han seguido ese camino.

El año pasado, Brothers y The Messenger, dos dramas muy comentados acerca del regreso a casa de los soldados, convirtieron la brecha de experiencia, entre quienes han estado en combate y quienes se quedaron en casa, en un drama psicológico y doméstico.

Pero, si bien estas películas expusieron con franqueza los efectos traumáticos de la batalla en los soldados y en sus familias, muestran la típica reticencia respecto de los significados y las implicaciones de ese trauma, y los realizadores, como casi todos, insistieron en negar cualquier intención política.

Ha habido algunas excepciones a esa regla. Redacted, de Brian de Palma, así como In the Valley of Elah, estrenadas en el otoño de 2007, cuestionaron la guerra en Irak, una con rabia y otro con dolor, pero las dos haciendo énfasis en los efectos de los combates sobre los hombres en el campo de batalla.

Otras cintas, como Lions for Lambs, de Robert Redford, y Rendition, de Gavin Hood, trataron de dramatizar el debate que en esos momentos se estaba desarrollando sobre la justicia y la prudencia de la política estadounidense.

Ninguna de esas películas tuvo mucho éxito con el público y tampoco lograron enmarcar las cuestiones de la geopolítica posterior a los atentados de 2001.

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Kathryn Bigelow (centro) cuando dirigía en el set de filmación de la película The Hurt Locker.
Kathryn Bigelow (centro) cuando dirigía en el set de filmación de la película The Hurt Locker.

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