Chile
"Ni locos volvemos a entrar. Esto se va a caer en cualquier momento", dice a la AFP María, desde el interior de la carpa en la que pasó la noche, junto a su esposo y tres hijos, a pocos metros del edificio en que vivía y que sufrió daños severos por el terremoto de 8,8 grados que azotó Chile el sábado.
"Preferimos estar en la calle, por seguridad de nuestros hijos", agrega esta mujer, que apenas pudo dormir un par de horas por el más de centenar de réplicas que se han sentido tras el terremoto que ha dejado un saldo parcial de más de 300 muertos.
María vive en la Villa Olímpica, un conjunto de departamentos ubicado frente al Estadio Nacional de Santiago, que fue construido hace 45 años y que quedó severamente dañado tras el fuerte sismo.
Vidrios rotos, balcones en el suelo y escombros por todos lados podían observarse en este lugar, donde por todas partes se levantaron improvisados campamentos.
Los vecinos sacaron sus televisores a los patios y desde ahí se informaban sobre los alcances del potente sismo, uno de los más grandes de la historia, que devastó a dos regiones del sur de Chile, donde se registró un posterior tsunami.
Las autoridades han aconsejado a la población alejarse de las viviendas dañadas, ante el peligro inminente de colapso, sobre todo luego de las fuertes réplicas. Una de ellas, temprano el domingo, volvió a generar pánico.
En Maipú, una pujante comuna ubicada al este de Santiago, los vecinos señalaban su indignación al ver cómo un moderno edificio de cinco pisos y construido hace apenas cinco años quedó severamente dañado.
En este lugar, los vecinos también pasaron la noche en carpas y hoy exigían la presencia de ejecutivos de la empresa que construyó esos departamentos, que seguramente deberán ser demolidos.
"Noche de mucho dolor, incertidumbre, desesperación, esta noche fue como despertar de una pesadilla. Estamos sin nada, no nos atrevemos a entrar a los departamentos y sacar nuestras cosas", dice a la AFP una habitante del condominio Don Tristán que está al borde del derrumbe.