Kirguistán
Un fuego intenso y sostenido de armas automáticas se produjo ayer al caer la noche en la capital de Kirguistán, horas después que el presidente juró no entregar el poder a una insurrección violenta que tomó el control de buena parte del país.
Los reporteros de la Associated Press escucharos provenientes de distintas direcciones en Biskek. Se apagaron las luces en hoteles y otros edificios por temor a que atrayesen disparos.
El miércoles se produjo una cruenta insurrección en el empobrecido país del Asia central y la oposición anunció la creación de un gobierno interino.
El presidente Kurmanbek Bakiyev, quien huyó de la capital hacia su baluarte político en el sur, declaró ayer que no reconocía derrota.
La resistencia de Bakaiyev generó perspectivas de inestabilidad prolongada en esta nación empobrecida del Asia central que aloja instalaciones militares estadounidenses y rusas.
Oficiales militares dijeron que Kirguistán prohibió durante 12 horas los vuelos desde la base aérea estadounidense de Manas y obligó a la tropa a permanecer en la base. No aclararon si se habían reanudado los vuelos. La base aloja a efectivos estadounidenses, franceses y españoles que apoyan las operaciones de la OTAN en Afganistán.
La montañosa ex república soviética estalló el miércoles cuando manifestantes tomaron edificios del gobierno en Biskek. La policía antimotines abrió fuego sobre las multitudes, causando decenas de muertes y cientos de heridos.
Elecciones
El gobierno interino que se hizo con el poder en Kirguistán prometió ayer elecciones presidenciales en seis meses y exigió la renuncia del presidente Bakiyev, quien previamente había rechazado entregar el cargo.
"El poder está bajo control del gobierno provisional. Esta construcción del sistema político funcionará durante seis meses para preparar una nueva Constitución y organizar la celebración de una elección presidencial conforme a todas las reglas democráticas", declaró durante una conferencia de prensa la nueva mandataria.