Estados Unidos
Por lo general, las crisis coreanas siguen un mismo ciclo. Como las pandillas callejeras que demuestran su poder corriendo desbocadas por las calles de un vecindario adinerado, los norcoreanos lanzan un misil por encima de Japón, llevan a cabo un ensayo nuclear o montan un ataque, como hicieron en marzo según sólida evidencia, cuando un buque surcoreano fue torpedeado. Después de eso vienen las expresiones de indignación.
Así como la promesa solemne de que esta vez sí, los norcoreanos pagarán un alto precio. Con el tiempo, empero, Estados Unidos y los vecinos de Corea del Norte -China, Corea del Sur, Japón y Rusia- se recuerdan unos a otros que no tienen nada qué ganar de una confrontación prolongada, mucho menos de una guerra. Poco a poco se diluyen las sanciones.
Las negociaciones se reanudan. Poco después, el Corea del Norte da a entender que podría ser persuadido o sobornado para renunciar a una porción de su programa nuclear. Y con el tiempo, este ciclo se repite.
La apuesta de la Casa Blanca es que esta crisis reciente, surgida del ataque de marzo, también amainará sin que pase a mayores. Pero hay más que un dejo de duda.
El gran peligro, como siempre, es qué ocurriría si los norcoreanos cometieran un gran error de cálculo. (No sería el primero. Hace sesenta años, Kim Il-sung, padre del actual líder Kim Jong-il, pensó que Occidente no reaccionaría cuando invadió el sur. El resultado fue la guerra de Corea)...
El pensamiento alentador es la historia de que la cabeza fría ha prevalecido en todas las crisis desde la guerra de Corea.
No hubo represalias en 1968, a raíz del ataque lanzado contra el palacio presidencial de Corea del Sur; ni cuando Corea del Norte confiscó el buque estadounidense Pueblo pocos días después; ni en 1983, cuando buena parte del gabinete de Seúl pereció en un atentado con bomba en Rangún, Birmania; ni en 1987, cuando un avión comercial surcoreano fue hecho explotar por agentes norcoreanos, matando a las 115 personas que iban a bordo. ¿Qué pasaría si esta vez las cosas fueran diferentes? Hay cinco situaciones en las que quizá no prevalecería el sentido común.
Un incidente en el mar
Desde que el armisticio puso fin a la guerra de Corea, los dos lados han discutido -y de vez en cuando han tenido escaramuzas- por la ubicación precisa de la "línea límite del norte", que divide sus aguas territoriales. Fue ahí donde fue hundido el buque patrulla Cheonan en marzo.
Entonces, en primer lugar de la lista de preocupaciones del gobierno de Obama es que otro incidente marítimo se convierta en una lucha armada prolongada.
Cualquier combate pesado podría arrastrar a Estados Unidos, principal aliado de Corea del Sur, que es responsable de tomar el mando en caso de que estalle un conflicto importante.
Bombardeo de la zona desmilitarada
Los estrategas militares estadounidenses y surcoreanos siguen trabajando todos los días para refinar los planes de reacción en caso de que el ejército norcoreano, con sus 1.2 millones de efectivos, invadiera la zona desmilitarizada, como ocurrió en los años cincuenta.
En realidad son pocos los que piensan que eso pueda ocurrir -los surcoreanos construyen y venden costosos departamentos entre Seúl y esa zona-, pero eso no significa que los planes estén injustificados.
La semana pasada, como medida de represalia, Corea del Sur amenazó con reanudar las transmisiones de propaganda con altavoces hacia la zona desmilitarizada.
En años pasados, esas estruendosas críticas a los fracasos económicos de Kim Jong-il eran escuchadas solamente por los guardias norcoreanos y la fauna que ahora ocupa esa tierra de nadie.
Empero, la amenaza bastó para que los dirigentes norcoreanos a su vez amenazaran con bombardear los altavoces. Eso podría desembocar en un intercambio de fuego, a una amenaza de Pyongyang de disparar contra Seúl, que está al alcance de sus morteros.
Si ocurriera eso podrían morir miles de personas en la frenética huida de la capital y quienes invierten en la economía surcoreana ciertamente tendrían pánico.
Lucha de podero golpe de estado
Pregúntele a los analistas de servicios secretos estadounidenses qué podría escalar esta o alguna crisis futura y mencionarán a Kim Jong-un, de 27 años de edad, el más joven de los hijos de Kim Jong-il y el más probable sucesor de su padre.
Poco se sabe de él (no se tiene la certeza siquiera de su año de nacimiento, algunos dicen 1982, otros, 1983), pero sus principales aptitudes para el puesto podrían ser que está considerado menos corrupto y aborrecido que sus hermanos mayores.