Estados Unidos
El cuarto punto es: el colapso interno.
La estrategia más duradera de Estados Unidos hacia Corea del Norte en realidad no es una estrategia: es una plegaria para que el país se venga abajo por sí mismo. Harry Truman, Dwight Eisenhower y John F. Kennedy tenían esa esperanza. Dick Cheney trató de acelerar ese derrumbe.
El régimen ha sobrevivido a todos ellos.
Pero ¿podría derrumbarse el país en medio de una lucha de poder? Ciertamente que sí. Y esa es una de las posibilidades que más aterra a los chinos.
También explica por qué siguen bombeando dinero hacia un vecino que apenas puede mantenerse de pie. Para China, el colapso de Corea del Norte significaría un aluvión de refugiados hambrientos (que no podrían huir hacia el sur, bloqueado por los campos minados de la zona desmilitarizada).
También significaría la posibilidad de que las fuerzas armadas surcoreanas y sus aliados estadounidenses disputaran nerviosamente para ver quién ocuparía el territorio del régimen caído a fin de estabilizarlo.
China está profundamente interesada en los minerales de Corea del Norte; los surcoreanos podrían sentirse igualmente atraídos por el pequeño arsenal nuclear de sus hermanos rivales del norte.
Una provocación nuclear
En medio de las fuertes tensiones, los satélites espía estadounidenses están buscando evidencias de los norcoreanos se preparan para hacer otro ensayo de arma nuclear -como hicieron en 2006 y en 2009- o para disparar más misiles de largo alcance.
Esta es una forma segura de acaparar los titulares y poner nervioso al vecindario. En el pasado, tales ensayos hicieron subir las tensiones y ahora lo volverían a hacer. Pero esa no es la mayor preocupación del gobierno de Washington.
Como dijera uno de los principales asistentes de Obama hace algunos meses, hay razones para esperar que Pyongyang no realice "un ensayo nuclear cada semana", pues se piensa que sólo tiene combustible suficiente para ocho a doce.
Sería mucho más preocupante que Pyongyang decidiera exportar su tecnología nuclear y que los estadounidenses no lo advirtieran.
Por muchos años, las agencias estadounidenses de servicios secretos no vieron la evidencia de que Corea del Norte estaba construyendo un reactor en el desierto de Siria, cerca de la frontera con Irak. Los israelíes encontraron el reactor y lo arrasaron mediante un ataque aéreo en 2007.
Ahora se han emprendido investigaciones para averiguar si otros países están comprando tecnología nuclear norcoreana o, peor aun, combustible para bombas.
En pocas palabras, la mayor preocupación es que Corea del Norte decida que enseñar a construir armas nucleares a otros países sería la forma más rápida y furtiva de desafiar a un presidente estadounidense que ha declarado que su principal tarea es detener la proliferación nuclear.
No se sabe si las agencias estadounidenses de servicios secretos captarían las señales que no pudieron ver en Siria.